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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 20
“Las plantas son bellas” por Manlio E. Wydler Cuando vemos plantas solas, o en conjunto, en grandes jardines o en solitarios balcones, sus formas, colores y texturas realizan en nosotros un movimiento interno estético, que podrá adoptar muchas formas pero siempre será portador de sentimientos de placidez, de asombro y de muchas cosas más. Las plantas, su ubicación, el jardín o parque donde las instalemos, el proyecto general del mismo, constituyen materia de mi trabajo diario. Pero pese a que pasan los años no dejo de asombrarme ante un color, un perfume o una forma nueva (para mí). Digo para mí, pues si bien es probable que cada tanto, la naturaleza nos brinde una especie nueva en forma espontánea, o la biotecnología acelere estos procesos, la mayoría de las plantas pertenecen a longevas especies, mucho más los géneros, aún más las familias y así respecto a cada categoría en que los botánicos del mundo han subdividido el reino vegetal. Con variantes, la biología ha clasificado de cierta forma similar a todos los seres vivos respetando la hoy evidente encadenación de cada especie, con otras similares dentro del espacio y a través de las eras. Las noticias sobre este punto, generalmente aparecen en los medios, cuando se refieren a los homínidos y a la sempiterna búsqueda de “eslabones perdidos” de nuestra cercana progenie, pero muy raramente a otros animales y menos a lo que respecta a las plantas. Podría también explicarse porque generalmente el estudio de la botánica, es y será para muchos, una de las torturas a las que nos somete el secundario. En parte, porque los libros sobre la materia están escritos en un “idioma” demasiado duro, escuetamente enciclopédico, sin relaciones que nos cuenten las “cositas” del tema como una secuencia, como una película. Hoy es fácil conseguir dibujos, caras u objetos, que por computación, en pocos instantes varían adoptando contornos y formas cambiantes, pero que nos permiten relacionar un estadio con el otro. Es posible imaginar los cambios entre individuos, entre variedades y formas, especies y géneros de esta manera. Cuando se van rellenando los agujeros de la información, con estas secuencias de formas, aptitudes, funciones, con el tiempo, no solo es más fácil recordar los nombres, sino comprender las teorías y conocimientos de la materia y hasta alegrarnos en el descubrimiento de los planes superiores que ocultan todas las cosas y hasta llegado el caso descubrir por nosotros mismos, o al menos anticipar conclusiones. Para ayudar a clasificar los especímenes, durante siglos se perfeccionaron tablas con características, que con las investigaciones pertinentes, se tomaron como más significativas y que irían dibujando, cada vez más nítidamente estas relaciones, o sea como se fue produciendo la evolución, la historia de los cambios y la diversidad de los seres vivos. La diversidad de las especies, es el motivo sempiterno
del vivir, de allí la perentoria necesidad de mantener esta diversidad,
ya que las relaciones entre especies, aparte de lo nombrado, hacen a
la salud del equilibrio biológico en el tiempo. No creamos que porque todo esto último está en gran medida estructurado-gracias al trabajo de botánicos y biólogos de todas las épocas (¡ Gracias requete chozno Heinrich Wydler!, botánico suizo, curador del herbario más famoso del mundo, amigo de Darwin y uno de los padres de la Botánica americana)-, porque les aseguro que hay interesantísimos nichos para explorar y sin ir a encontrar especies nuevas en la distante selva. Un trabajo que puede ser más que interesante sería encontrar toda la graduación de las transformaciones e interrelaciones entre órdenes diferentes con el transcurso del tiempo, desde la morfología hasta los componentes químicos, de la genética a la fisiología y así ir confirmando o desechando teorías y creando otras nuevas aunque no se llegue a contar con genomas completos. Es lo que podría decirse la escritura de la Evolución. Es un trabajo detectivesco de lo más apasionante, no es necesario tener una educación formal, si pasión por la Botánica y la Biología y no tener miedo a leer estos temas que preferir mirar series o películas de solo entretenimiento. Por ejemplo, uno ve una planta : la común “costilla de Adán”, la Monstera deliciosa, con sus grandes hojas , de nervadura reticuladas, enseguida se pensaría que ese tipo de hoja es una característica de las dicotiledóneas ( especies con semillas de dos cotiledones o reservorios alimenticios), pero no es así, pues es una monocotiledónea ( un solo cotiledón) como sucede con el trigo o la cebada ( familia de las gramíneas) o una palmera ( familia más afín la de las palmas),o sea que pertenece al orden de los espadicifloros porque como estas tiene en común un espádice ( otro tipo de hoja modificada) que protege a las flores, pero más cerrada que en las palmas y sin ser arbóreas y menos que el espádice cerrado que una cala o un antunium, esto los hace más cercanos ya que es un carácter menor o sea por sus características, son de la familia de las denominadas aráceas. Como vemos el órgano reproductor manda en las clasificaciones las relaciones evolutivas entre especies dependen primero en la forma de reproducción y luego por siguientes prelaciones. El nombre de la familia la toman de la especie Arum (el aro) que es paradigmática en esa familia.
De aquí deducimos que estas especies son afines a cierto tipo de dicotiledóneas, que se engloban en las llamadas policárpicas (frutos de varias hojas modificadas de manera notable) y así llegamos a sus antecesores gimnospérmicos (de flores de ovarios desnudos, los pinos son el ejemplo más usado) aun no son bien conocidos los términos de esta evolución, pero que se suponen son las extintas ( fósiles) : benititinas, con características que recuerdan a las futuras plantas con flores de ovarios vestidos (angiospermas de las que hablábamos). Podría decirse que las primeras Angiospermas son las benititinas actuales, que al modificarse, forman un grupo nuevo y las deforma antigua quedaron como grupo extinto, se convirtieron en otra cosa. Como vemos una simple planta “costilla de Adán”, puede generarnos un trabajo detectivesco que aquí solo atinamos a esquematizar y cuyos “huecos” habría que llenar. Muchas veces personas alejadas del tema, encuentran cosas que habían pasado desapercibidas a los estudiosos del tema. “ Es demasiado común que acontezca no observar el bosque por estar concentrado en el árbol.” Lo importante es que con estos ejercicios profundizamos nuestro pensamiento y de esta forma- y otras similares-, podríamos dejar de creer tan fácilmente en las tonterías que la mayoría de los políticos, funcionarios y ecologistas tendenciosos nos quieren hacer creer en estos convulsos tiempos. Estoy seguro que mejoraríamos como personas y haríamos lo propio con el País. Ing. Agr. Manlio E. Wydler, Secretario de la FAPLEV ( Fundación Argentina para los Espacios Verdes), ex Asesor Honorario en la Legislatura, Consejero del Plan Estratégico, “Vecino Solidario 2001”.
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