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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 20

 

Borges y Xul Solar,
apuntes de una vanguardia

por Héctor Alvarez Castillo (1)

"Hombre versado en todas las disciplinas, curioso de todos los arcanos, padre de escrituras, de lenguajes, de utopías, de mitologías y astrólogo, perfecto en la indulgente ironía y en la generosa amistad, Xul Solar es uno de los acontecimientos más singulares de nuestra época".

Jorge Luis Borges
Nos va a llevar bastante tiempo habituarnos a pensar en el siglo XX como el siglo pasado, más allá de que nuestro intelecto haya registrado hace seis años este cambio y vigile, con firme atención, nuestro discurso. Creo no exagerar si digo que aún nos falta consustanciarnos con este siglo XXI y sentirlo como propio. Sucede que nos hemos criado en el anterior y nuestra formación –aún a merced del vértigo tecnológico y en medio de esto que se ha venido a denominar globalización– pertenece a ese siglo ya ido en el cual se cristalizó la noción que hoy tenemos del hombre moderno. A esto que ahora nos concierne como un presente lo sentimos en estrecho contacto con esas décadas iniciales del siglo XX. Nuestro mundo, nuestra sociedad occidental, es el mundo del cine, de las grandes urbes, de la mass-media, de la comunicación y también –a la par de otros elementos de una extensa enumeración– de las vanguardias artísticas. Y estamos ligados a esas vanguardias como está ligado un hijo a su padre y a su ascendencia. Respondemos afirmándolas o negando su valor, en conflicto vivo con ellas, porque, aunque a veces lo pasemos por alto, somos miembros de la misma familia. Tengo la idea de una gran hoja en blanco sobre la que se va dibujando y escribiendo la historia del arte desde el novecientos hasta hoy. Ese diseño que se va apoderando de la hoja es lo que me dice que la tradición es la fuerza que supera y aglutina lo diverso, lo que a simple vista parece antagónico y que en una lectura más profunda demuestra y señala sus parentescos y el equilibrio que contiene y realza esas formas que de otra manera no pasarían de ser gestos arbitrarios.

El espíritu de esta introducción es el que hoy me guía en la breve aproximación que intento a la amistad que unió a Xul Solar y a Jorge Luis Borges. Han pasado décadas, cambió el siglo, pero continuamos hablando de Borges y de Xul Solar como de personajes contemporáneos de nuestra vida cultural. Del autor de El Aleph no dejan de escribirse ensayos, de aparecer nuevos libros dedicados a él, grabaciones y homenajes; del maravilloso acuarelista, astrólogo y magister en el conocimiento hermético es notablemente inferior su reconocimiento, pero no su trascendencia dentro del arte argentino. La riqueza de la obra de este prístino creador no se agota ante la profusión de distintas lecturas y acercamientos. Adquiere con el tiempo –que en su visión era un presente absoluto– una altura e interés in crescendo. La retrospectiva que se realizó en el Malba a mediados del año 2005: "Xul Solar. Visiones y revelaciones", con su traslado y exposión en los principales centros del arte para América, además de ser la muestra más acabada hasta entonces de este artífice, atendiendo a la multiplicidad de su producción, es prueba cabal de lo que decimos.
Ambos, en su amistad, participaron del anhelo por mostrar a Buenos Aires como extensión del mundo cultural europeo que, para las décadas anteriores a la Segunda Gran Guerra, era fértil campo donde se gestaba una amplia renovación en las artes, la filosofía y la literatura. Algunos críticos, atendiendo tal vez al pluralismo en la producción de ambos, llegan a decir que es la relación entre los dos artistas más importantes que dio el país. Entendemos que nos supera saber si esto es así, pero es atinado opinar que debe haber sido una de las relaciones más significativas en esta historia de nación que ronda los doscientos años.

Borges estaba fascinado con la biblioteca en distintos idiomas que poseía Xul Solar en su casa de la calle Laprida 1214, donde actualmente funciona un museo dedicado a su vida y a su obra. En Atlas le dedica una prosa, justamente, con ese nombre, donde dice: “No he conocido una biblioteca más versátil y más deleitable que la suya.” Mencionemos que este artista hablaba y leía en más de una decena de idiomas y que a esa biblioteca la integraban volúmenes de poesía y filosofía a la par de tratados sobre esoterismo, religiones y astrología. Xul Solar además de ser un ávido lector se transformó en personaje literario, no sólo para Borges, que lo nombra en textos que comentaré más adelante, sino en la obra fundamental de Leopoldo Marechal: Adán Buenos Ayres. En esta novela, en la séptima parte, el astrólogo Schultze acompaña al narrador en su descenso al infierno desde Cacodelphia, la ciudad de la tribulación y el sufrimiento. Comentamos que con este autor compartió la fe peronista y que esta simpatía por el movimiento popular liderado por un militar de formación fascista fue motivo de circunstancial distanciamiento con Jorge Luis Borges.

Existen dos referencias básicas en la obra de Borges que hacen mención a esta relación de intimidad creadora; referencias citadas habitualmente que no podemos soslayar. Hay otras –podríamos citar la Revista Multicolor de los sábados, ese suplemento cultural del diario Crítica que dirigían Borges y Ulises Petit de Murat– pero es penetrar en terreno cenagoso y no hace a la brevedad de este texto.
Las dos referencias fundamentales distan en casi dos décadas la una de la otra. La primera pertenece al artículo “El idioma infinito”, incluido en su segundo volumen de ensayos: El tamaño de mi esperanza, Buenos Aires, 1926, que por cierto no es uno de los mejores libros de Borges y está ilustrado por su amigo. Recordemos que el autor lo expurgó de sus Obras Completas y prohibió posteriores ediciones, pero, de esas argumentaciones juveniles y afirmaciones absolutas, donde abunda el tono ácido y transgresor, surge el otro Borges, el Borges maduro, dueño de un estilo elaborado a la vez que transparente, que seduce por el ritmo, la profundidad y originalidad de sus ideas. En ese ensayo, en mención al idioma, propone que: “... es gloria y deber suyo (nuestro y de todos) el multiplicarlo y variarlo. Toda consciente generación literaria lo ha comprendido así.” Donde deja en claro su voluntad de hacerse un lugar aún a fuerza de empujones, junto al reconocimiento de los persuasivos movimientos de su objeto de estudio. Y por la dedicatoria, que aparece al final del texto: “Estos apuntes los dedico a Xul Solar, ya que en la ideación de ellos no está limpio de culpa.”, se hace evidente que éste no era un tema menor en las conversaciones que solían mantener.
Voy a detenerme ahora en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, cuento que integra El jardín de los senderos que se bifurcan, de 1941, y luego parte de Ficciones, volumen que lo consagra, finalmente, en 1944. Aquí le alcanzan a Borges un par de líneas para reírse de eximio modo de su amigo y colaborador Adolfo Bioy Casares. En una de las tempranas oraciones con ironía escribe: “Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominaciones, porque multiplican el número de los hombres.”, haciendo referencia a esas dos satisfacciones de este escritor: tener mujer y amantes –que en el desatino de sus últimos años lo llevaría a la triste ostentación de esa práctica– y la contemplación de la propia imagen en el espejo a semejanza de Narciso ante la fuente.
Borges en esta narración introduce a Xul Solar como traductor de una proposición a su vez vertida desde la lengua que se habla en el imaginario Tlön. La historia, la esencia de la historia, parece depararnos un mensaje o una reservada y a la vez tácita animosidad. El relato plantea un creciente rechazo a todas las formas de totalitarismo, entendiendo correctamente que el racionalismo en su extremación no deja de ser un nuevo ejemplo de arbitrariedad. Borges, en la elección fatal o final, se queda del lado del francés, del inglés, de la lengua natal, y no del lado de esa pretendida perfección que es a la vez artificial y represiva. El ser humano excede en esta alegoría a las pautas de un mecanismo que en la rigidez de su ejecución desdeña su propia naturaleza. Los hombres, dice Borges, tienden a quedar embelesados por estas corrientes totalitarias, a las cuales se les esfuma aquello que sus sistemas no logran cifrar. Declara: “¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? (...) El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantado por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles.”
En esta narración somos invitados a recorrer un itinerario donde aparecen indicios que en una primera lectura pueden percibirse como inconexos, pero que luego irán develándose en su función de marcas de un profundo análisis social y político –si queremos simplificar esta crítica– de irreverente actualidad. Borges, en parte premonitoriamente, en lo que respecta a nuestro país, ante un pensamiento único, ante una lengua perfecta y artificial, propone un camino de independencia, el camino del solitario que, rica paradoja, es aquel que en el ejercicio de su arte contribuye con relevancia en la genuina comunicación entre los seres humanos y sus diversas culturas.

Esto nos lleva a un punto sin duda fundamental en este rico intercambio: la preocupación por el idioma y la figuración de una lengua absoluta o la creación de distintos idiomas, con fines varios, y no voy a nombrar a John Wilkins y su idioma analítico para que sea posible en estas páginas salir del atolladero. Xul Solar, este creador que se autodefinía como "utopista de profesión", postuló un neocriollo como lengua para América Latina, "futur lenguo del Contenente", y a la panlingua para el mundo. Sobre la primera postulo: "... una lengua para la América Latina: el neo criollo con palabras, sílabas, raíces de las dos lenguas dominantes: el castellano y el portugués." Me atrevo a decir que es pariente de este cocoliche, mezcla en principio de las voces inmigrantes que abundaban en Buenos Aires, el discurso literario de Emeterio Cerro, prolífico autor, regisseur y director teatral que a partir de 1980 comenzó a divulgar su interesante producción para las tablas. Quien haya presenciado puestas como la del estreno de El Bochico o El Cuiscius, no puede dudar de lo que digo.
Borges, por su natural escepticismo, siempre trató a las invenciones lingüísticas como material para la especulación y conjetura, cifrando en esto su verdadera trascendencia. No podía tomarse en serio ciertas elucubraciones, pero su instinto fantástico les deparaba a éstas un destino literario universal, como hemos apreciado en la alegoría de Tlön. El misterio que en uno se hizo literatura, en el otro se trasmutó en misticismo y, en este sentido, el arte de Xul Solar nos devela una realidad profunda que, de otra manera, permanece oculta a nuestros ojos y a nuestro espíritu, de ahí que se lo califique como un visionario. Rimbaud había sentenciado: “El poeta se hace vidente a través de un largo, inmenso y razonado trastorno de todos los sentidos.”
En el caso de Xul Solar, por los testimonios y la producción de la que tenemos conocimiento, estamos capacitados para considerar que en su corpus creativo la energía consagrada, por ejemplo, a la concreción de la panlingua, merecía en el artista la atención dispensada. Nosotros, igualmente, tenemos nuestro particular juicio acerca de la eficacia de estas experiencias. Mantenemos que el destino de los idiomas artificiales es la extinción. Nunca alcanzan la dimensión de un organismo vivo –a diferencia de cualquier lengua que sí lo es como hija de su propio devenir histórico– y sus días están contados a semejanza de los de sus hacedores. A veces nacen de un ejercicio intelectual –el neocreol– que no tiene otra aspiración, si se quiere, que la de ser un pasatiempo lúdico; en otras ocasiones –el esperanto– surgen de motivaciones ideológicas, pero su influencia y desarrollo siempre será acotado.

Entre las creaciones de Xul Solar –y tal vez donde su genio se muestra con mayor libertad– está el panjuego que a tantos ha fascinado desde su concepción hasta su misterio. Sobre este intento lúdico que usa del ajedrez como aliento inicial, prefiero citar un extracto de lo que Borges me comunicó en uno de los encuentros que mantuvimos y que figuran en el estudio que le he dedicado. Allí me dice: "Xul Solar vivía reformando el mundo. Había un juego, el panjuego, basado en la astrología, es decir, en lugar de haber ocho casillas por lado, había doce, de modo que el tablero constaba de 144 casillas, y había enriquecido las leyes del ajedrez, por ejemplo, si una pieza comía una torre, esa pieza podía moverse como una torre, o como un caballo. Ahora, ese juego era tan complicado, se llamaba panjuego, pues podía jugarse en varios niveles, por ejemplo, un partido podía ser una pieza de música, podía ser un poema, podía ser un cuadro; como a medida que él me lo explicaba le parecía demasiado sencillo, iba enriqueciéndolo, de modo que yo nunca aprendí el panjuego." Agrego que Marechal, en su artículo: "El panjuego de Xul Solar, un acto de amor", nos dice de su artífice que: "dedicó siete años a la elaboración de su ajedrez reformado o panjuego. Frente al tablero, con 30 piezas que ingresan cuando él lo decide, cada contrincante puede componer palabras en pan-lingua (que el propio Xul inventó), combinar colores como en un cuadro, escribir un poema, crear acordes musicales, resolver ecuaciones matemáticas o jugar su destino, "con sólo mover las piezas de acuerdo a su horóscopo"." Comentando más adelante, como le dijo su creador, que "Éste juego tiene la ventaja de que ninguno pierde y todos ganan al fin."

En su Diccionario Enciclopédico de las Artes, en la entrada dedicada a Xul Solar, Herbert Read da una síntesis que vale para ir despidiéndose: “Su pintura, generalmente a la acuarela o témpera, es siempre de pequeño tamaño; las formas son abstractas y de movilidad rítmica, y están plagadas de símbolos y signos.” Añadimos que –a diferencia de Borges, de quien gran parte de la literatura de las últimas décadas, no sólo la escrita en nuestro idioma, es deudora– en el arte argentino o latinoamericano, cuesta rastrear influencia de su pintura y de sus concepciones a un tiempo místicas y esotéricas. Aldo Pellegrini declaró: "...en cuanto a su pintura, aunque fue recibida siempre con críticas elogiosas, nunca llegó a interesar hondamente a sus contemporáneos. Estaba demasiado fuera de cualquier línea de clasificación." Y como más adelante señala, su obra estaba hecha para casi nadie y operaba fuera de las convenciones.
En la oportunidad que tuve de que Borges se refiriera a Xul Solar, me dijo que en su vida conoció a muchos hombres de talento, Capdevila, Lugones, Banchs, Fernández Moreno, pero de genio, hombres de genio, sólo nombró a tres, a Cansinos Asséns, a Macedonio Fernández y al habitante de Laprida 1214, que vivía inmerso en sus creaciones, reformando el mundo.


(1) Es autor de Camino a Babel. Conversaciones con Jorge Luis Borges y otros textos sobre literatura. Alvarez Castillo Editor; Buenos Aires, 2004.

 

 

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