Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 19
Borges, Piazzolla y Xul Solar
por Santiago Richetti
Al pensar en la vanguardia argentina surgen inmediatamente en mi mente
tres nombres: Alejandro Xul Solar (1887-1963), Jorge Luis Borges (1899-1986)
y Astor Piazzolla (1921-1992). Los tres supieron, en sus respectivas
disciplinas, crear nuevos y revolucionarios lenguajes, trascendiendo
las fronteras nacionales para formar parte de la cultura universal.
Xul fue un verdadero “poeta visual” -como lo denominó
alguna vez Aldo Pellegrini-, un “ideador de mundos posibles”
-según Fermín Fèvre-, un adelantado a su tiempo,
cuyas obras, por lo general acuarelas de formatos pequeños y
coloridos líricos, tratan de materializar lo oculto y encarnar
una tradición filosófico-religiosa, intentando –a
través de la metafísica- explicar la unidad del mundo.
Muy pocos contemporáneos entendieron y admiraron la obra de Xul;
Borges, quien fuera su mejor amigo, fue uno de ellos. Fue el mismo pintor
el que introdujo al escritor en el gusto por lo esotérico, lo
oculto, el estudio de las religiones antiguas y de la filosofía
oriental. Después de todo, ¿qué hubiera sido de
la obra de uno de los mejores autores de todos los tiempos si éste
no hubiese conocido a Xul Solar?
Las letras escritas por Borges para ser musicalizadas por Piazzolla
hacen referencia a la mitología de arrabal, elevando así
el mundo del conventillo, los cuchilleros y compadritos y las riñas
callejeras a un plano literario-filosófico.
Piazzolla parte de lo popular -el tango-, que combina con técnicas
clásicas -conciliando así las enseñanzas de sus
dos grandes maestros, Alberto Ginastera y Aníbal Troilo,- y con
elementos armónicos y rítmicos de otros estilos –como
el jazz-, creando así lo que se llamó “música
contemporánea de Buenos Aires”. Por consiguiente no tuvo
cabida en ninguno de los dos mundos: ni en el de la música popular,
ni en el de la música “culta”, repercutiendo –como
Xul y Borges- con mucha más fuerza en el exterior.
Santiago Federico Richetti