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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 18


Drogas Inteligentes (II)
2da Parte
Juan Carlos Ruiz Franco



En España los betabloqueantes se pueden conseguir en farmacias. Teóricamente sólo se venden con receta, pero todo depende del criterio del farmacéutico. Los deportistas deben tener en cuenta que el reglamento de control del dopaje incluye estos fármacos dentro de las sustancias restringidas, aunque no decide explícitamente si controlarlas o no, punto que queda a criterio de cada federación, según el deporte practicado: "Los bloqueantes B-adrenérgicos únicamente se considerarán prohibidos, a juicio de las correspondientes federaciones españolas deportivas, cuando el consumo de estas sustancias pueda modificar artificialmente el rendimiento deportivo de los deportistas o los resultados de las competiciones". Por ejemplo, las federaciones de tiro (en todas sus modalidades) controlan el consumo de betabloqueantes, ya que facilitan que no tiemble el pulso.
Psicofármacos
Neurolépticos
Aunque siempre han existido sustancias con aplicaciones psiquiátricas, la psicofarmacología moderna comienza su andadura en los años cincuenta con la creación de los neurolépticos, de gran utilidad para aliviar a personas con esquizofrenia, permitiéndoles en muchos casos llevar una vida casi normal, sin tener que estar internados. Estos pacientes se caracterizan por tener algún tipo de trastorno relacionado con una excesiva actividad dopaminérgica, y de ahí la utilidad de los neurolépticos al bloquear uno o varios tipos de receptores de dopamina.
No obstante, lo que mejora las condiciones de ciertos individuos puede estar contraindicado en otros que sufren males menores, y así vemos que también se prescriben frecuentemente neurolépticos a personas con ansiedad o depresión. Con ello se eliminan sus síntomas (nunca la causa), pero a un alto precio, porque al dejarles sin dopamina activa no se sienten motivados por nada, tienen grandes problemas para la creación intelectual y no presentan la normal búsqueda del placer (el sexual incluido) que se da en todos los seres vivos. Dicho en términos más sencillos, se les ha quitado las ganas de vivir (Escohotado llama a estos fármacos “camisas de fuerza químicas”). Hay una gran cantidad de marcas de neurolépticos en nuestras farmacias, y resulta curioso que, a pesar de sus efectos secundarios, durante muchos años se han vendido sin necesidad de receta médica por no considerarse fármacos peligrosos. Los clásicos son la clorpromazina, el haloperidol y el sulpiride. Con los más modernos se intenta aminorar los efectos secundarios sobre la actividad dopaminérgica, pero siempre afectan de algún modo a este neurotransmisor, con lo que se producen los problemas señalados más arriba.

Benzodiacepinas
Los psicofármacos más utilizados son las benzodiacepinas, los tranquilizantes por antonomasia por haber desplazado a los demás productos de estas características, incluyendo a los barbitúricos cuando el problema es el insomnio. Seguro que todos los lectores conocen marcas con estos principios activos diazepam, cloracepato dipotásico, bromazepam… (evitamos mencionar nombres comerciales). Tienen la ventaja de que habría que tomar una dosis muy grande para resultar tóxicos, pero, en contrapartida, dejar de usarlos después de haberlos consumido a medio plazo producirá un síndrome de abstinencia más suave que el del alcohol, pero más fuerte, en la mayoría de los casos, que el de la heroína. El paciente suele experimentar en los primeros días, si ha sufrido de ansiedad durante un largo período, una paz interior desconocida para él. Sin embargo, según pasa el tiempo se toman no para estar bien, sino para no sentirse mal debido a la abstinencia (síntomas de dependencia), además de tener que aumentar la dosis debido a la tolerancia creada. Desde nuestra perspectiva -la del rendimiento-, los efectos sobre el intelecto consisten, sobre todo, en una dificultad progresiva para recordar cosas (amnesia anterógrada), en una ralentización de los reflejos, en un embotamiento generalizado y en una indiferencia emocional que al principio es deseada (por la ansiedad que se padecía), pero que luego pasa factura. Está demostrado que se recuerdan mejor los conocimientos y hechos a los que va asociado algún sentimiento, por lo que si nuestra emotividad está bloqueada se pierde el incentivo para recordar cosas por asociación.
Conclusión: debemos utilizar benzodiacepinas sólo durante cortos períodos de tiempo, cuando sean totalmente necesarias. El rendimiento intelectual disminuye mientras se están tomando, por lo que es mejor acudir a algún remedio menos agresivo; por ejemplo, plantas tranquilizantes como la valeriana, pasiflora, melisa, azahar, amapola californiana, espino blanco, etc. Otros suplementos naturales son el magnesio -que reduce el nerviosismo y la ansiedad- y la lecitina. También es útil la práctica regular de algún deporte, preferentemente aeróbico -bicicleta o correr-, y la relajación, sobre todo el entrenamiento autógeno de Schultz, que no sólo permite tranquilizarse, sino -cuando se adquiere experiencia- lograr un estado de autohipnosis que podemos aprovechar para una formulación interna de propósitos (ser más optimista, mejorar la propia imagen, la autoestima…).

Antidepresivos
Otros psicofármacos muy recetados son los antidepresivos, de los cuales los más habituales son los ISRS, los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina: impiden que este neurotransmisor, liberado en la hendidura sináptica donde contacta con el receptor de la neurona adyacente, vuelva a la vesícula que la liberó. Muchos son anticolinérgicos, es decir, dificultan la acción de la acetilcolina, un neurotransmisor importante en la concentración, memoria, relajación…; por ello perjudican las actividades intelectuales. Algunos pueden generar ansiedad, como por ejemplo la fluoxetina y la sertralina, lo cual dificultará aún más la concentración. Otros (fluvoxamina) pueden originar somnolencia, tampoco demasiado beneficiosa, como es lógico. Su efecto secundario más perjudicial a la larga consiste en una posible desensibilización e incluso destrucción de los receptores neuronales, debido a que su mecanismo implica un mayor tiempo de contacto del neurotransmisor con el receptor: al aumentar este contacto, los receptores se acomodan a la nueva situación y tienden a la baja. Además, el consumo de un antidepresivo sintético no hace nada por aumentar la producción del neurotransmisor implicado, por lo que tras un tiempo de uso podemos encontrarnos ante un verdadero desastre neuronal del que se desconoce si es reversible o no.
Otro efecto secundario bastante molesto es la sensación de bloqueo emocional, precisamente lo que se busca al principio, pero que después resulta perjudicial. A nivel físico se manifiesta en una pérdida de sensibilidad sexual en varones, que lleva a eyaculación retardada o impotencia.
Conclusión: si están con la depre, intenten localizar y combatir la causa y no recurran a los fármacos. Si se trata de un factor externo, seguramente se sentirán mejor si desaparece o logran distanciarse de él. No tomen antidepresivos a la ligera, ya que un bajón de ánimo no es lo mismo que una depresión de carácter biológico, y los antidepresivos sólo deberían tomarse en este último caso, que son los menos frecuentes. Si la causa exógena que hizo surgir el problema persiste mucho tiempo, es cuando puede verse perjudicada la biología cerebral, y entonces sí que hablaremos propiamente de depresión endógena. Para evitar llegar a este punto, es recomendable acudir a remedios menos agresivos, más naturales y con menos efectos secundarios. El hipérico, tan de moda ahora, es una buena ayuda. El ginkgo biloba es también de utilidad. También parece lógico ingerir los aminoácidos precursores de los neurotransmisores: L-triptófano para la producción de serotonina, siempre con el estómago vacío y al menos media hora antes de comer: varias dosis pequeñas repartidas durante el día si lo que se desea es combatir la depresión, una dosis más grande antes de dormir si se padece insomnio, y comenzando con dosis mínimas que se aumentan progresivamente. Y L-tirosina para la producción de dopamina y noradrenalina, también con el estómago vacío, dos o tres veces al día, y nunca por la noche, ya que podría dificultar el sueño.
Para terminar, no olvidemos que si deseamos mantener unas buenas facultades intelectuales, es mejor evitar cualquier tipo de psicofármaco. Como siempre resulta mejor prevenir, es recomendable llevar una vida sana sin tensiones ni estrés, factores que generan una excesiva secreción de cortisol, la hormona más perjudicial de nuestro organismo. Si no podemos evitarlos debido a nuestro trabajo, deberíamos practicar algún tipo de relajación y alimentarnos correctamente.


Juan Carlos Ruiz Franco es profesor de Filosofía, nutricionista deportivo y escritor

 

 

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