Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 17
WOLFGANG AMADEUS MOZART Y LA OPERA
por LEONARDO CHANU
Si bien ya no cabe duda alguna respecto de la contribución del
genio de Salzburgo al desarrollo de los más variados géneros
musicales, el de la ópera es quizás en el que más
se ha destacado y el que más interés despierta la investigación
musicológica. Prueba de ello es la renovada puesta en escena
y reedición discográfica de sus óperas tanto italianas
como de estilo germano, tratando de reproducir de manera veraz la forma
de interpretar estas obras desde el manejo vocal hasta la utilización
de instrumentos de época.
Cabe entonces preguntarse en qué consiste ese aporte tan importante
que Mozart hace al género lírico de su tiempo.
Desde lo literario podemos destacar el uso de libretos sólidos,
consistentes, bien escritos, con un lenguaje que nunca pierde el buen
gusto, tanto si los parlamentos están a cargo de personajes aristocráticos
como de extracción popular. Por supuesto, Susana no se manifiesta
de la misma manera que su señora la Condesa de Almaviva, ni Despina
lo hace de igual modo que sus patronas, Fiordiligi y Dorabela, y menos
aún Leporello con su patrón Don Giovanni, sin embargo
el purismo en el lenguaje debe ser la regla imperante.
El propio Mozart nos lo dice cuando en una carta fechada en Viena el
26 de setiembre de 1781 dirigida a su padre, describe varios aspectos
de la composición de “El Rapto en el Serrallo”: “…..no
sé qué piensan nuestros poetas alemanes, si nada entienden
de teatro, en lo referente a la ópera hacen hablar a los personajes
como si el auditorio estuviera formado por cerdos…..”.
Si todos los personajes hablan de la misma manera cómo establece
entonces Mozart la diferencia entre los personajes de alto linaje y
los que no lo son tanto: la música, ella es la que establece
la diferencia, es la que nos permite distinguir un personaje de otro,
cada uno tiene su caracterización a través de la música,
de modo que sin necesidad de ver la acción, con sólo escuchar
la música sabemos de quién se trata y qué está
sucediendo en escena.
Prueba de esta circunstancia es el hecho de tener en su mente toda la
concepción musical de un aria antes de conocer el texto: “……lo
esencial de la música –se refiere al aria de Osmín
del primer acto de El Rapto en el Serrallo-, ya estaba terminado antes
de que Stéphanie –el libretista- escribiera una sola palabra…..”.
Esta confesión dirigida a su padre, muestra de cuerpo entero
la concepción mozartiana respecto de la relación música-palabra
en la ópera.
Y sobre esta idea se basa toda la concepción que Mozart lleva
adelante en la composición de óperas. Edward J. Dent aventura
la hipótesis de que Mozart intuyó desde el principio que
una ópera, tanto cómica como seria, debe ser en lo posible
expresión continuada de música, debe ser “drama
musical”.
Su posición queda explícitamente delineada de ésta
manera: “En una ópera –escribe- la poesía
debe ser la hija obediente de la música. ¿Cuál
es la causa de que las óperas italianas tengan tanto éxito
en todas partes, aún en París como lo vi yo mismo, pese
a sus libretos plagados de tonterías?. Porque la música
domina por completo y la gente olvida todo por ella. Y de esa manera,
una ópera debería tener mayor éxito cuando el plan
de la obra ha sido bien elaborado, y el texto escrito con sencillez
y en forma congénita a la música, sin palabras o estrofas
en versos que destruyan toda la concepción del compositor, sólo
por el prurito de hacer prevalecer una rima miserable”.
Es de destacar, con respecto al tema de los libretos utilizados por
Mozart, el gran aporte de Lorenzo Da Ponte con quien el compositor crea
esa magnífica trilogía integrada por “Las Bodas
de Fígaro”, “Don Giovanni” y “Così
fan tutte”. Si hay un escritor con quien Mozart ha trabajado estrecha
y personalmente en la elaboración de un texto para ser puesto
en musica, en concordancia con los principios expuestos por el propio
compositor, ha sido justamente Lorenzo Da Ponte. Los resultados obviamente
están a la vista.
Desde lo musical, podemos hacer un análisis que nos lleva a distinguir
por lo menos tres aspectos: el tratamiento vocal, la utilización
de las estructuras y la orquestación.
Veamos el primero. No podemos olvidar que Mozart, si bien conoce a la
perfección la tradición operística italiana tal
como la hereda de los grandes maestros del siglo XVIII, es un compositor
alemán y como tal utiliza recursos propios de éste estilo
en cuanto al manejo de la voz, el cual será continuado por todos
los compositores de ópera germana que le sucedieron, esto es,
el manejo instrumental de la voz humana, es decir, el uso de la voz
con el mismo criterio que se compone para un instrumento de la orquesta.
De qué manera lo hace: en oportunidades, entretejiendo la voz
con los instrumentos de la orquesta, ya sea de una sección determinada
o con algún instrumento obligado (corno, flauta, clarinete, corno
di basseto, etc.) creándose así un hermosísimo
diálogo en donde el desafío auditivo es advertir cómo
el tema melódico pasa del cantante a la orquesta y de ésta
vuelve al cantante en un contrapunto de una belleza y expresividad notables.
Otra forma, bastante recurrente, es el dúo de sopranos, como
los ejemplos que encontramos en “Bodas de Fígaro”
(Susana y la Condesa), “Così fan tutte” (Fiordiligi
y Dorabela) y hasta en la “Clemenza di Tito” (Anio y Servilia).
En general son dúos de carácter contrastante en cuanto
a los registros vocales de cada intérprete, una voz dramática
y una más ligera, permitiendo asociar la pieza vocal con un diálogo
entre instrumentos de viento, tales como, por ejemplo, un clarinete
y una flauta. Ni hablar de los números de conjunto o concertantes
que en el caso de “Idomeneo”, “Fígaro”
o “Don Giovanni” llegan a un número extraordinario
de voces perfectamente engarzadas de manera arquitectónica, en
el que cada personaje expresa al mismo tiempo sus emociones individuales
y a la vez comparten una misma situación dramática.
Como ya hemos dicho, en Mozart, existe un tratamiento vocal diferente
y apropiado para cada personaje conforme a sus características
personales y la situación dramática que viven en escena.
Desde lo estructural, nuestro compositor recoge toda la esencia proveniente
de la tradición italiana de ópera y utiliza al igual que
sus contemporáneos la forma napolitana con su “sinfonía”
(nombre que se le daba por aquél entonces a la obertura), recitativos,
arias da capo, ariosos y concertantes, producto de tomar contacto él
mismo con el género a través de sus viajes y actuación
en diferentes cortes de Italia y también fuera de éste
país, donde la ópera italiana reina igualmente que en
su país de origen.
Es a partir de “Idomeneo, Rey de Creta” de 1781 que logra
iniciar una carrera ascendente en la composición para el género
lírico.
Aquí comenzamos a ver como Mozart adopta algunas formas más
modernas, provenientes también de la reforma que Gluck había
ya impuesto en la composición de óperas hacia mediados
del siglo XVIII: la forma rondó (A-B-A-C-A); la parte A juega,
de alguna manera, el papel de “refrán”, aquello que
retorna en medio de estrofas diferentes y fundamentalmente el aria bipartita
(A-B), correspondiente en la mayoría de los casos a la sucesión
Lento-Vivo, la cual se impone en Mozart y prolonga su existencia durante
el siglo XIX. Finalmente Mozart adoptará una estructura mucho
más libre adaptada a las necesidades dramáticas de la
acción o al texto del personaje.
Las oberturas de las óperas de Mozart son magníficas piezas
sinfónicas las cuales pueden ser escuchadas en reiteradas oportunidades
como apertura de programas de conciertos. Así podemos disfrutar
de piezas bellísimas como la obertura de “Lucio Silla”
de 1772 compuesta para la corte de Milán, hermosísimo
ejemplo de sinfonía italiana en tres secciones (A-B-A: rápido-lento-rápido)
siguiendo por supuesto la tradición impuesta por Johann Christian
Bach, gran amigo y maestro de Mozart en el arte de la composición
de sinfonías. La obertura de “Idomeneo”, “El
Rapto en el Serrallo” y “Don Giovanni” tienen la particularidad
de tener final abierto introduciendo directamente al espectador en la
primer escena de la ópera, lo cual constituye uno de los puntos
de la reforma de Gluck dando así continuidad musical a la obra.
Otra forma usada por Mozart para la obertura es la llamada “forma
sonata” (exposición-desarrollo-reexposición) como
la obertura de “Cosí fan tutte” o “El Empresario
Teatral” y en el caso de “Bodas de Fígaro”
encontramos una forma sonata sin desarrollo. En “Don Giovanni”
al igual que en “La Flauta Mágica” incorpora una
introducción lenta a la francesa seguida de una forma sonata.
Unas palabras para la orquestación. La orquesta de Mozart es
la habitual en el siglo XVIII: quinteto de cuerdas (violín 1º,
violín 2º, viola, cello, contrabajo), 2 flautas, 2 oboes,
2 fagotes, 2 clarinetes, corno di basseto; 2 trompas, 2 trompetas, 2
trombones; 2 timbales. Debemos desterrar el concepto de que la orquesta
en las óperas de Mozart sólo cumple una función
de acompañamiento. Todo lo contrario, su función es la
de comentar constantemente la acción realzando la situación
dramática. Se destaca por una revalorización de los instrumentos
de viento que dejan de tener una función colorística para
adquirir entidad propia al punto de representar ciertos sentimientos,
como en el caso del clarinete que se identifica con el amor, la utilización
de las cuerdas en pizzicato para simbolizar los latidos del corazón
amante, o el uso de determinados timbres instrumentales relacionados
con la acción o con estados de ánimo de los personajes.
Mozart escribe no solamente óperas en estilo italiano, su interés
pasa también por el intento de crear un teatro musical en alemán,
el Singspiel o representación cantada, sin dejar de utilizar
recursos a la italiana; muy por el contrario, ya que logra fundir elementos
de los dos estilos conforme a sus necesidades expresivas, pero en su
idioma nativo, lo cual constituyó un enorme esfuerzo teniendo
en cuenta que desarrollaba su actividad en una corte como la de Viena
en la que la opinión imperante era que la ópera sólo
podía ser compuesta en italiano y porque además ése
era el gusto cortesano de la época. Por suerte para nosotros,
Mozart no se dejó influenciar y en su intento nos dejó
obras de arte tales como “El Rapto en el Serrallo”, Zaide
de 1779, la cual podemos considerar por varios motivos, casi como una
obra de experimentación musical, en la que Mozart utiliza, entre
otros, un nuevo recurso que le llega a través de la obra del
compositor Georg Benda, llamado melodrama, que consiste en unir, simultáneamente,
parlamentos con comentarios orquestales, es decir, como decíamos
al inicio de ésta nota, la necesidad de la presencia constante
de la música en escena y ni que hablar de esa maravilla, de ese
punto de inflexión entre el clasicismo y el prerromanticismo
alemán que es “La Flauta Mágica”.
Para concluir enumeraremos las óperas compuestas por Mozart de
modo de poder tener así una dimensión más acabada
de su predilección por éste género y su gran maestría
al momento de abordar sus trabajos para la escena musical:
Apollo et Hyacinthus, K.38 (13.5.1767 Universidad de Salzburgo) (intermezzo)
La finta semplice, K.51 (KE 46a) (1.5.1769 Corte del Arzobispado, Salzburgo)
Bastien und Bastienne, K.50 (K.46b) ((?) 10.1768 Casa del Dr. Mesmer,
Viena; 2.10.1890 (20.10.1890?) Architektenhaus, Berlin)
Mitridate, Rè di Ponto, K.87 (K.74a) (26.12.1770 Teatro Regio
Ducal, Milán)
Ascanio in Alba, K.111 (17.10.1771 Teatro Regio Ducal, Milán)
Il sogno di Scipione, K.126 ((?) 1.5.1772 Residencia Arzobispal, Salzburgo)
Lucio Silla, K.135 (26.12.1772 Teatro Regio Ducal, Milán)
La finta giardiniera, K.196 (13.1.1775 Redoutensaal, Munich)
Il rè pastore, K.208 (23.4.1775 Residencia Arzobispal, Salzburgo)
Zaide, K.344 (K.336b) (1779; 27.1.1866, Frankfurt) (inconclusa)
Idomeneo, ossia Ilia ed Idamante, K.366 (29.1.1781 Teatro de la Corte,
Munich) (Idomeneo, Rè di Creta)
Die Entführung aus dem Serail, K.384 (16.7.1782 Burgtheater, Viena)
(El Rapto en el Serrallo)
L'oca del Cairo, K.422 (1784; 4.1860, Frankfurt) (inconclusa)
Lo sposo deluso, ossia La Rivalità di tre donne per un solo amante,
K.430 (K.424a) (1784) (inconclusa)
Der Schauspieldirektor, K.486 (7.2.1786 Palacio de Schönbrunn,
Viena)
Le nozze di Figaro, K.492 (1.5.1786 Burgtheater, Viena)
Il dissoluto punito, ossia il Don Giovanni, K.527 (29.10.1787 Nationaltheater,
Praga)
Così fan tutte, ossia La Scuola degli Amanti, K.588 (26.1.1790
Burgtheater, Viena)
La Clemenza di Tito, K.621 (6.9.1791 Nationaltheater, Pragua)
Die Zauberflöte, K.620 (30.9.1791 Theater auf der Wieden, Vienna)
(La Flauta Mágica)