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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 15


LOS CHIRIGUANAS EN LOS TERCIOS TARIJEÑOS
LOS PORCEL DE PINEDA, SUS JEFES Y PROTECTORES

Por ROBERTO EDELMIRO PORCEL

Cuando el Capitán don Juan Porcel de Padilla, Corregidor y Justicia Mayor de Tarija y los Chichas, firma en 1614 con el marqués de Montesclaros, don Juan de Mendoza y Luna, su pariente, virrey que fue del Perú, las capitulaciones reales con Felipe III para sí y para su hijo menor don Juan Porcel de Peralta, (publicadas en mi libro “Documentación Inédita de Tarija y su Jurisdicción – Siglos XVII y XVIII”), para poblar una ciudad de 60 vecinos españoles en las tierras de los “Chiriguanás”, en el Valle de las Salinas, se preocupa de rodearse de buenos oficiales, conociendo la ferocidad como guerreros, de los naturales guaraníes, sus pobladores.-

Es así que convoca, como surge del acta notarial levantada para la muestra de su entrada, el 6/07/1616, por el escribano Público y de Cabildo Juan de Segovia, efectuada ante Martín de Ormache, Teniente de gobernador de Potosí, designado para supervisarla, en la iglesia de San Agustín de la Villa de Tarija, como maestre de campo, a Don Lope Ruiz de Gamboa y como sargento mayor, al capitán Don Juan Porcel de Pineda, que lleva consigo en la marcha como soldado, a su hijo Joan de 14 años.-

Este último quizá sea el Juan Porcel, que encontré revisando fallos de mediados del siglo XVII, de la Real Audiencia de La Plata (hoy Sucre), firmando como su canciller.-

Para el tema que vamos a desarrollar, conviene ante todo hacer una aclaración.- Si bien los españoles fueron conquistadores, la misma calificación corresponde a los Chiriguanás, carios procedentes del Río Paraguay, del grupo Cririguá ( hoy llamados Chiripá), que poblaban aquel pais entre los 25º y los 27º de latitud sur, y que en su migración a Bolivia, a principios del siglo XVI, se instalaron de sur a norte desde el Río Bermejo hasta el Río Grande o Guapay, y de este a oeste desde los valles de las estribaciones cordilleranas del Chaco Gualamba o llanos de Manso, hasta la llamada cordillera de los Chiriguaná.-
Los Porcel de Pineda se afincaron en la zona del Bermejo, en tierras vedadas por los indios chiriguanás al español peninsular y también a los americanos.-

Otro hijo del sargento mayor Juan Porcel de Pineda, el maestre de campo don Diego Porcel de Pineda, conocido como “Porcel el viejo”, que intervino en la fundación de Bermejo - hoy La Capilla- (Chaco Boliviano), instaló su estancia sobre el mismo Río Bermejo, sin que la nación chiriguaná lo hostigara ni tratara de impedirlo.-
Es más, se convirtió en protector y caudillo de los chiriguanás de la zona.- Estos le tenían gran respeto por el prestigio que había adquirido, suficiente para imponerse por si mismo frente a los indígenas.- El logró que muchos chiriguanás, se integraran bajo su mando, como auxiliares, en los Tercios de Tarija y con ellos marchó más de una vez al Chaco Gualamba, contra otras tribus de la región, acompañando entradas punitivas de españoles de Salta, Jujuy y Esteco o protegiendo entradas evangelizadoras de misioneros jesuitas, causando terror a otras naciones indígenas por la bravura de sus querembás (guerreros).-

Allí también se estableció su hijo Diego Porcel, apodado “Porcel el mozo” para los españoles, y “Charabussú” para los naturales, por haber muerto en duelo a un cacique famoso de este nombre.-

Continuó este por el prestigio que supo ganarse entre los naturales, el dominio que sobre ellos tuvo su padre.- Su apoyo y su ayuda fue fundamental para los misioneros jesuitas en tierras chiriguanás y a él se debe en gran parte, como veremos, el posterior establecimiento de sus misiones en territorio de Santa Cruz de la Sierra, entre los indios Chiquitos, más mansos y dóciles que los hijos de la nación Chiriguaná.-

A su muerte, ya no tuvieron más los tarijeños otra persona capaz de dominar a los hijos de esta guerrera nación guaraní, que por siglos cerró las puertas del Chaco, primero a los incas, después a los españoles y finalmente a los hijos de esta tierra, hasta las postrimerías del siglo XIX.-

Repasaremos brevemente sus hazañas, de la mano de las historias y narraciones escritas en la época, por distintos padres jesuitas, contemporáneos y testigos de los hechos.-

Pero antes debo recordar a otro hermano de Joan y Diego Porcel de Pineda, a Don Pedro, de quien dice textualmente el historiador tarijeño Federico Avila en su libro: “Don Luis de Fuentes y Vargas y Fundación de Tarija”: “Y fue otro hijo de don Juan, don Pedro Porcel de Pineda, quien en 1685, con la colaboración de los Jesuitas, llevó los pendones tarijeños hasta más de las cien leguas hacia el oriente.- De este último, hecho, personalmente no he encontrado documentación.respaldatoria-

I.- Ahora bien, el padre jesuita y gran historiador Pedro Lozano, autor del celebre libro “Descripción Corográfica del Gran Chaco Gualamba”, editado en Córdoba en el año 1733, nos relata que para castigar correrías de los naturales ocurridas en 1670 y 1671, se juntaron las fuerzas de Xuxuy, Salta y Esteco, de la gobernación de Tucumán, con las de la Villa de Tarija.- Cada una de ellas tomó una derrota diversa.-

El tercio de Xuxuy, con 60 bocas de fuego y los más soldados bisoños, marchó al río de los Ocloyas para rastrear al enemigo, y el 26 de agosto se juntó en el río Santa Rosa con el tercio de Tarija, que comandaba el sargento mayor Don Diego PorceI de Pineda, compuesto por 50 soldados españoles, 1 capellán y 150 indios chiriguanás amigos.-

Un nativo traidor, de la nación Mataguaya, los llevó el 7 de septiembre a un lugar sobre la margen del río Grande del Chaco, donde fueron rodeados por 500 mataguayos, tobas y mocovies, que le tenían preparada una emboscada.- Los Chiriguanás se habían adelantado un cuarto de legua, pero oyendo las flautas y cornetas de la indiada enemiga, regresaron corriendo al campo, sin esperar orden alguna, bien predispuestos a la pelea.- De inmediato fueron en su amparo el sargento mayor Porcel de Pineda y el capitán Lavayen con sus compañías, huyendo el enemigo pese a su número y la ventaja de la sorpresa, al otro lado del río, donde fueron perseguidos por 31 chiriguanás, que sin apoyo alguno, ya que los españoles no podían cruzar con sus corazas y armas por lo pantanoso de la costa y profundo de las aguas, combatieron contra 200 mocovies por más de tres horas, hasta que cayó la noche, sin que los molestara la desigualdad numérica y sin más bajas de su parte, que varios heridos.-

Al día siguiente, mientras los españoles fortificaban el lugar, estableciendo un fuerte que llamaron “Guadalupe”, los tobas pidieron paz a través del padre Gregorio Millán, capellán del tercio tarijeño, pero sin esperar respuesta, se dieron a la fuga, como así también los demás naturales, siendo todos los enemigos perseguidos días después, con el refuerzo de los recién llegados tercios de Esteco y Salta, hasta la tierra de los vilela, pero como comenzaron a subir las aguas por ser época de lluvias, el maestre de campo Juan de Amusategui licenció los tercios que regresaron a sus ciudades, dando fin a la entrada.-

II.- Narra también el padre Lozano, que el 20 de abril de 1683, los misioneros jesuitas partiendo de Salta, iniciaron una nueva entrada al Valle de Centa, con el padre Diego Ruiz a la cabeza, acompañado por el padre Juan Antonio Solinas, que dominaba la lengua guaraní.-

Allí se les unió el sacerdote Don Pedro Ortiz de Zarate, vicario eclesiástico de la ciudad de Xuxuy, con 24 españoles y 40 indios amigos, continuando todos hasta el río San Martín (así llamado en homenaje al Santo).-

El 20 de mayo llegaron a lo que fue el fuerte del gobernador Martín de Ledesma, un sitio inhabitable, plagado de mosquitos.-

El 25 de mayo se encontraron con indios de las parcialidades Ojotaes y Taños, que se comprometieron a traer a sus caciques.-

Los Ojotaes, aparecieron pacíficamente con su curaca, pero eran casi todos hombres, sin sus mujeres, que no las tenían por “habérselas robado poco tiempo antes los chiriguanás”, una costumbre muy común de estos, guaraníes por sus padres y mestizos por sus madres, preferentemente del pueblo chanés.-

El 1º de junio llegó el embajador de los taños, sin el cacique, pero también con mensajes de paz y sometimiento.-

Sin embargo, a pesar de los progresos, los padres estaban preocupados por los tobas, de los que recelaban, esperando con ansias la llegada de Don Diego Porcel, el joven, que sabían marchaba con los Tarijeños y si chiriguanás.- Ellos consideraban fundamental su arribo, ya que los indios de la región temían más a los naturales Chiriguanás, que a los soldados españoles.-

Dice textualmente el padre Ruiz en su carta al provincial de la orden: “Ya estamos en que estas naciones más temen a los chiriguanás, que a cuantos españoles puedan entrar, y por esto el señor Don Pedro -Ortiz- nos ha entrado por aquí a espaldas de Don Diego Porcel, que es a quien los chiriguanás obedecen, y no por Xuxuy, porque por allí, aunque se hubiera entrado con mucha fuerza de indios con españoles, no se hubieran visto Tobas, ni se hiciera cosa con ellos, según lo muestra la experiencia de tantas entradas que se han hecho infructuosamente por esa frontera de Xuxuy”.-

Para seguridad de los misioneros, los soldados españoles hicieron un fuerte que llamaron San Rafael.-

El padre Ruiz regresó a Salta el 19 de julio, dejando en el campamento a los padres Ortiz y Solinas, al amparo de los soldados españoles.-

En esos días llegó al campamento Don Diego Porcel, o sea Charabussú, con 15 guerreros chiriguanás, oportunidad que aprovecharon los misioneros para presionar exigir la paz a tobas y mocovies.-
Astutamente los Tobas, temerosos que los chiriguanás entraran en su búsqueda y ubicaran sus chusmas y rancherios, enviaron en adelantada a los curacas e indios mocovies, a ponerse al servicio de los misioneros y aceptar la paz.-

Todo marchó bien mientras estuvo en el campamento “Charabussu”, pero sellada la paz con tobas y mocovies, este regresó a Tarija y con él sus chiriguanás.-

Los indios tobas, aprovechando su alejamiento, traicionaron su palabra y asesinaron el 27 de octubre de 1683 a los dos sacerdotes, cuando estos salieron del campamento para ir a recibir al padre Ruiz, que regresaba de Salta, atacándolos en un pequeño campo cercado de bosques, llamado Santa María, por una capilla que allí habían construido.-

Los soldados españoles con el padre Ruiz abandonaron entonces el fuerte San Rafael y se retiraron presurosos del valle de Centa.-

La misma historia de esta entrada es narrada en forma similar, pero con más detalles, por el padre Antonio Manchoni, también de la Compañía de Jesús, en su libro “Las Siete Estrellas de la Mano de Jesús”, tratado histórico impreso en la ciudad de Córdoba en el año 1732.-

III.- El entonces Virrey del Perú, el duque de la Palata, al anoticiarse de lo que había ocurrido, ordenó a los españoles que entraran al Chaco a castigar a los tobas y mocovies, lo que estos hicieron en 1683 y al año siguiente, en 1684.-

En la primera entrada los españoles se reunieron en Esteco, bajo las ordenes del comandante Vera, con la asistencia del padre Ruiz , que conocía el camino misionado con anterioridad.- En el fuerte San Simón se le unió el maestre de campo Don Diego Porcel de Pineda (Porcel el viejo), al frente de los tercios de Tarija con sus chiriguanás, pero los buscados, perseguidos, se internaron tierra adentro y no fueron hallados, salvándose así de un merecido castigo.-
Al año siguiente fue el maestre de campo Don Diego Porcel de Pineda el que entró desde Tarija al Gran Chaco, con 100 españoles y 300 flecheros amigos, para efectuar el mismo castigo y evitar nuevos levantamientos, pero también los naturales tobas y mocovies, como había ocurrido un año antes, buscaron el amparo de la selva, huyendo de los cxhiriguanás.-

IV.- Continua narrando el padre Lozano, y relata el mismo hecho el padre jesuita Juan Patricio Fernandez en su libro “Relación Historial de los Indios que llaman Chiquitos que esta a Cargo de los Padres de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay”, editado en Madrid en 1726, que pocos años después, el sacerdote jesuita José de Arce, llegó a Tarija con el mejor deseo de convertir al catolicismo a los chiriguanás de los ríos Pilcomayo y Bermejo y que a tal fin escribió pidiendo su ayuda, al maestre de campo Don Diego Porcel de Pineda (Porcel el viejo), a quien mucho elogian ambos misioneros y Lozano especialmente, califica de “piadosísimo caballero, conocedor de esta gente sobre la cual tenía gran autoridad por haberlos amparado y defendido de las vejaciones de otros españoles”.-

Este se ofreció a cooperar con el padre Arce en dicha tarea, en todo cuanto pudiese, felicitándolo por la buena idea de haber llevado a Tarija guaraníes ya conversos del Paraguay, por que estos, “parientes de los chiriguanás que de ellos descendían”, eran los embajadores más indicados para convencer a los mismos de los beneficios de la conversión y de las buenas intenciones de los jesuitas.-

V.- El 21 de mayo de 1690, el padre Arce acompañado por el padre Miguel de Valdolivas, se dirigió al Río Bermejo, al encuentro del maestre de campo Porcel de Pineda, para bajo su amparo,“proceder a la conversión de los bárbaros”.-

Tras la primera jornada, al llegar a un poblado de infieles mataguayos, el maestre de campo Porcel de Pineda, sufrió un accidente, que además se agravó por “ser ya de edad decrépita”, lo que le impidió seguir adelante, debiendo regresar al día siguiente a su casa en el Bermejo, causando gran desconsuelo entre los padres, que veían así malograda su entrada.-

Sin embargo, Porcel de Pineda lejos de desampararlos, llamó y dejó con ellos a su hijo Diego, Charabussú, que ordenó a los Mataguayos se fundasen en el valle de Las Salinas, que está entre el Bermejo y el Pilcomayo, para que los pudieran asistir y bautizar los misioneros.-

Acompañados por Charabussú, siguieron a la tierra de los chiriguanás del paraje llamado Chimeo, sobre el Río Pilcomayo.-

Allí los recibieron con mucho afecto, pero con el desconsuelo de que sus parientes, vasallos del cacique Cambaripá, estaban en una sangriente guerra con los vasallos del cacique Yateberí (Era común la guerra entre diferentes grupos de chiriguanás, por alguna ofensa no compensada).- El linaje de este último, se había confederado con los tobas.- Se trataba de los dos jefes más importantes del Pilcomayo.-

Cambaripá estaba herido y no podía con su gente resistir por mucho tiempo más a tantos enemigos juntos.-

Los misioneros, con el amparo de Diego Porcel, regresaron a Tarija, para pedir apoyo armado de su tercio, para poder forzar la paz de estos pueblos.-

Al pasar por Chimeo, Charabussu desvaneció falsos rumores, esparcidos por indios apóstatas, sobre los padres misioneros, a los que acusaban de querer esclavizarlos, lo que había enardecido a los hijos de esta nación guaraní, amante más que nada de sus fueros y libertades.-

Debe tenerse en cuenta que ni siquiera los Tuvicha (caciques), tenían mando indiscriminado sobre los integrantes de su tevy (familia), ni su tekoa (aldea).- Para dar una orden, debían primero convencer a los suyos, que la misma era conveniente para ellos.-

Así era el sentido independiente de los hombres de esta etnia.-

Pasaron también en el regreso por los pueblos de Tarequeá, sobre el Bermejo, donde los recibió el cacique Cambichurí, antes su enemigo, gracias a que Diego Porcel se adelantó a los jesuitas y persuadió a los chiriguanás a favor de los padres.-

En Tarija, el padre Juan Bautista de Cea reemplazó al padre Valdolivas y el 7 de septiembre regresaron los misioneros al Valle de la Salinas, donde ya se habían instalado los Mataguayos, marchando desde allí al pueblo de Yateberí para forzar la paz con Cambaripá, lo que lograron con su celo y buenas razones, con gran alegría de todos, especialmente del último cacique imposibilitado de seguir sosteniendo esa guerra.-

Pero fue fundamental para este logro, el acompañamiento de los soldados de Tarija, encabezados por Charabussu, los que regresaron desde Guacayá, asegurada la paz, no así Diego Porcel, que continuó con los padres para poder protegerlos.-

Gracias a la compañía de Diego Porcel, el padre Arce pudo marchar rumbo al Norte, llegar al Río Guapay o Grande y a Santa Cruz de la Sierra, cuyo gobernador era Don Agustín Arce de la Concha, donde solicitó clemencia para el cacique Tambacurá de aquella zona, logro muy importante para poder continuar misionando en tierras chiriguanás.-

En este encuentro Arce de la Concha convenció al jesuita que entrara a misionar a Chiquitos, cuyos infieles eran más fáciles de convertir y mucho más predecibles que los chiriguanás, que al decir de los padres eran inconstantes, noveleros y chismosos.-

Dos años más tarde, el padre Arce, daría inicio a esta nueva tarea en el territorio de Santa Cruz de la Sierra.-

En su regreso a Tarija, los misioneros llegaron al Valle de las Salinas el 21 de diciembre, como bien dice Lozano: “habiendo padecido gravísimos peligros, siempre acompañados de su fidelísimo amigo el capitán Diego Porcel, a quien nunca permitió, la fineza con que acompañaba a los padres , desamparase en los tres meses que duró esta jornada”.-

Su padre, de mucha edad, el maestre de campo Diego Porcel de Pineda murió en 1692 en su estancia de Bermejo.-

Al sentirse morir testó de puño y letra a falta de escribano, ante siete testigos, el día 7 de agosto de dicho año, declarando ser natural de Sepita (Perú), hijo del sargento mayor Juan Porcel de Pineda y Padilla y Ana Haro, ya difuntos.-

El testamento, que tuve en mis manos, se conserva hoy día, en el archivo del museo Franciscano de Tarija.-

 

 

 

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