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Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 14
Señor Presidente, ¿dónde queda su residencia?
Por Ana Leguísamo Rameau
Uno camina por las calles de Buenos Aires y suele encontrar
monumentos grandiosos que nos parecen bellos pero, muchas veces, desconocemos
su orìgen. Es allí cuando reflexionamos y caemos en la
cuenta que, quizás, ese lugar debió haber sido un sitio
reservado para alguien importante de nuestra historia. Tal es el caso
de la calle San Martín 336 donde un prócer argentino tuvo
su residencia. ¿Sabía usted quien vivió durante
años en esa dirección? Fue el Ex Presidente Argentino
Bartolomé Mitre (militar, poeta y periodista). La alquiló
allá por 1860 y pasó a ser su propiedad en 1868. Cuando
Mitre la adquirió era una casa en planta baja que, con el tiempo,
le hizo construir un primer piso para lucir un amplio dormitorio con
escritorio, biblioteca y mapoteca. Su estilo es inglés. La casa
tenía gran comodidad pues poseía tres patios rodeados
por amplias galerías que fueron demolidas en el año `30.
En su lugar hoy podemos disfrutar el conocido Museo Mitre quien no sólo
respira algo más que cultura sino todo el aire de Bartolomé
Mitre en sus mejores años de gestión.
Algunos lugares sí le hacen honor a su nombre. Paralela a la
avenida Corrientes, se desplaza la calle Sarmiento y el título
se debe a otro Ex Presidente que pisó sus veredas. Este fue Domingo
Faustino Sarmiento (político y escritor), quien vivió
al 1251 de dicha acera y la compró por el año 1875. Fue
un refugio importante en su vida ya que unas de sus obras más
talentosas las escribió en esta residencia. Pero a diferencia
del hogar de Bartolomé Mitre, la vivienda no se demolió
pues el estado la compró en el año 1947, y la declaró
Monumento Histórico Nacional. Su estilo es italiano y posee tres
patios con aljibe, parra, higuera y escalera caracol. Se supone que
Sarmiento, en su morada, sintió toda la melancolía de
sus años de niñez pues muchos resabios de ella se alzaron
en el estilo propio del domicilio. Nada fue casual y fue ambientado
perfectamente por el sentimiento de este argentino que adoraba su niñez
de San Juan.
Sin embargo, hay próceres que preferían retirarse más
hacia el norte capitalino pues Nicolás Avellaneda (promotor de
la inmigración) abrió sus oficinas en el barrio de Belgrano,
más precisamente en Vuelta de Obligado y Juramento, allá
por 1880.
Bernardino Rivadavia también anduvo por aceras urbanas en 1780
cuando niño, pues vivió en Defensa entre Moreno y Belgrano
en una casa colonial de típicos zaguanes porteños y patios
amplios. Había habitaciones de servicio y caballerizas con huerta.
La característica de este lugar es que no poseía baño.
Tenía una letrina en el tercer piso. Luego, ésta fue reemplazada,
con el tiempo, por un baño familiar.
No obstante, en la Avenida Belgrano 430 (antes llamada calle de Santo
Domingo), entre Defensa y Bolívar, vivió uno de los próceres
más reconocidos de la historia argentina. Un ser honesto y humilde
que pudo ganarse un lugar aceptable en las épocas: Manuel Belgrano,
hijo de Don Domingo Belgrano y Peri, y Doña María Josefa
González Casero.
Los barrios, con tranvías o sin él, guardan una magia
peculiar que merece ser destacada. Los hombres de la historia argentina
(aunque parezca increíble) han vivido en las residencias que
hoy nosotros frecuentamos y estudiamos. Los lugares se repiten y los
sucesos se renuevan.
Las calles y monumentos de Buenos Aires hoy se empecinan en el reciclaje
de su conservación. Se levantan edificios y se mezclan las arquitecturas
del ayer y del hoy que embelesan a los turistas. Se cotizan las obras
y se precian los pisos que mancharon las huellas de nuestros hombres
de otrora.
Tal vez los extranjeros (que hoy disfrutan de nuestra ciudad) no sepan
que al transitar las veredas porteñas, algún caballo,
alguna carreta, algún rebelde o algún ex presidente fue
surcando las calles de tierra que hoy lucen concurridas en asfalto y
hormigón. Serán (aquellos hombres) fantasmas o próceres
que buscan aferrarse a su identidad colonial a pesar de las transiciones.