Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 13
DE LA PIEDRA AL FOTOGRAMA
UN RECORRIDO POR LAS FUENTES DOCUMENTALES DE LA MÚSICA TRADICIONAL
DE ARAGÓN (1ra Parte)
Dr. Alberto Turón Lanuza
El proceso de transmisión oral, sin base en un
soporte de carácter permanente, ha permitido la supervivencia
de la literatura y la música populares. Si en cualquier investigación
científica es importante el estudio de las fuentes documentales
existentes, con el fin de conocer el estado de conocimientos previo
al trabajo en curso, en la tradición oral el estudio de estas
fuentes resulta totalmente imprescindible puesto que contienen resultados
de vivencias irrepetibles, con lo que el investigador no tiene el recurso
de recorrer el camino por el que otros le precedieron, al haber desaparecido
las condiciones experimentales que dieron lugar a los resultados originales
sin posibilidad de ser recreadas. De ahí la trascendente importancia
del estudio de los documentos previos en los trabajos relativos a la
tradición oral.
Entendemos por folklore el conjunto de tradiciones y costumbres relativas
a la cultura de los pueblos, es decir, el conjunto de conocimientos
y manifestaciones culturales, artísticas, sociales, etc. que,
surgidas en algún momento del pasado, perviven en la actualidad
porque se han transmitido de generación en generación.
El enorme peso que la música -y todo lo relacionado con ella-
ha tenido siempre en la cultura tradicional y la importante función
social que ha desarrollado en la vida cotidiana de los pueblos (músicos,
aprendizaje del instrumento, ensayos del repertorio, etc.) convierten
al estudio del folklore musical en una pieza clave para la comprensión
de muchos de los fenómenos sociales de la cultura tradicional.
Partiendo de que una tradición lo es porque ha perdurado en la
memoria colectiva de un pueblo, hemos de suponer que en algún
momento esta tradición ha debido de constituir una manifestación
popular, es decir, ha sido adoptada espontáneamente por el pueblo,
éste ha asumido voluntariamente el protagonismo de dicha manifestación,
aceptando la misión de interpretarla, recrearla y modificarla,
adaptándola a las nuevas necesidades surgidas con el paso del
tiempo.
La transmisión de la cultura tradicional no sólo tiene
lugar en el tiempo, pasando de una generación a otra; también
los movimientos de población contribuyen a su difusión
de unos núcleos de población a otros, de manera que el
legado cultural de un pueblo lo compone un cúmulo de tradiciones
de distinta procedencia geográfica y originadas en diferentes
épocas.
Por tanto, para entender el origen de cualquier tradición debemos
conocer dónde y en qué época surgió, pero
también hemos de ser capaces de relacionar su lugar de nacimiento
con el entorno sociocultural al que perteneció en esa época
(contexto cultural y geográfico). El folklore de un pueblo puede
contener expresiones de incalculable antigüedad junto con otras
de creación relativamente reciente, manifestaciones de carácter
marcadamente local conviviendo con otras de rasgos comunes a las de
pueblos distintos.
Pero las tradiciones no se conservan puras, intactas, en la memoria.
Por un lado, la transmisión oral, sin el apoyo de un soporte
que lo conserve a salvo de alteraciones, está sujeta a la fragilidad
de la memoria, que hace que en ocasiones se olviden, transformen e incluso
inventen fragmentos de una historia o melodía al haberse olvidado
la original; por otro, hay ocasiones en que el pueblo, consciente y
voluntariamente, modifica o reinventa las tradiciones para adaptarlas
a la realidad social de su época, o a las exigencias económicas,
culturales, ideológicas, etc. del momento.
Este fenómeno lo estamos viendo cada vez más claramente
a medida que se van avanzando en la recopilación de la tradición
oral de la comunidad de Aragón, en el nordeste español,
y vamos descubriendo coincidencias que evidencian una evolución
con un origen presumiblemente común pero de manera que resulta
difícil reconstruir la expresión original e incluso localizarla
en el tiempo.
Evidentemente, esto es debido a la naturaleza del propio proceso de
transmisión del folklore. Al no haber un soporte material en
el que dejar plasmada la realidad espacio-temporal es imposible seguir
el hilo de la evolución de esta realidad a lo largo del tiempo,
o al menos reconocerlo en los distintos fragmentos que se van descubriendo.
Cada vez se realizan campañas en mejores condiciones desde el
punto de vista metodológico y desde el técnico-tecnológico,
conscientes como somos de que cualquier investigación sobre las
tradiciones musicales o del tipo que sea que se desarrolle en el ámbito
de la tradición oral necesitará el apoyo de estos soportes
como fuentes documentales que permitan fijar puntos de referencia en
el espacio y en el tiempo como base de posteriores descubrimientos.
Los tipos de fuentes de información de que se nutre habitualmente
la investigación en el campo de la cultura popular de tradición
oral son: fuentes arqueológicas, fuentes documentales históricas,
fuentes artísticas, fuentes literarias y lingüísticas,
fuentes bibliográficas, fuentes periodísticas, fuentes
fotográficas, y finalmente fuentes audiovisuales y sonoras. Todas
ellas han contribuido en mayor o menor medida al conocimiento del folklore
musical, tanto en su vertiente literaria y musical como en la organológica
o en la coreográfica, y aunque es muy difícil reseñar
completamente las aportaciones de cada una de ellas en el caso de Aragón
sí que intentaremos exponer un muestrario suficientemente amplio
como para dar una idea de la magnitud y la importancia del trabajo que
se ha desarrollado hasta el momento.
FUENTES PARA LA LITERATURA Y LA MÚSICA DE TRADICIÓN
ORAL
En lo referente a la literatura y la música de tradición
oral la fuente primaria de documentación han sido habitualmente
los cancioneros elaborados con repertorios de cantos y música
tradicionales. Estos cancioneros fueron en su primera época colecciones
de textos literarios o, en el caso de la música, transcripciones
en notación musical de melodías recogidas en vivo; en
la actualidad se acostumbra a grabar las entrevistas y conservar la
grabación original, siendo la trascripción literaria y
en su caso musical un simple apoyo a la información original
y más fiable, que es la grabada. Algunos de estos cancioneros
fueron publicados en formato impreso o sonoro, y otros se conservan
en archivos donde se pueden ser consultados.
Las recopilaciones de música popular se vienen realizando en
España desde el siglo XIX, aunque se puedan contar algunas, escasas,
piezas de música popular que se encuentran en repertorios de
música culta como pueden ser ciertas antologías de canciones
polifónicas de los siglos XV y XVI, o el método para guitarra
de Gaspar Sanz , que reproduce sobre todo música para danzas
populares de la época (gallardas, folías, chaconas, zarabandas,
jácaras, paradetas, españoletas, canarios y pasacalles).
La llegada del siglo XIX y con él la época del Romanticismo,
con su especial apreciación de todo lo popular, así como
el reforzamiento de las corrientes positivistas que potenciaron el abordaje
de las manifestaciones tradicionales del pueblo desde una perspectiva
científica, llevaron a la publicación de los cancioneros
populares de varias regiones y otros generales de España, como
el “Cancionero musical popular español” de Felipe
Pedrell. Hay que mencionar, sin embargo, que tanto la recopilación
como la publicación de los cancioneros populares durante el siglo
XIX y durante el primer tercio del siglo XX, se llevó a cabo
individualmente, casi siempre sin apoyo institucional.
En el caso de Aragón es preciso tener en consideración,
también, el papel de escritores de tema costumbrista que, aunque
tuvieron una producción literaria de calidad muy desigual, dejaron
plasmados en sus escritos algunos relatos de indudable interés
etnográfico. Cabe señalar principalmente a Joaquín
Costa y su participación en la Biblioteca de las tradiciones
populares españolas (1884). Son destacables también el
Romance Cantado de 1882, o los Dictados tópicos del Alto Aragón
de 1883. Otra figura digna de ser mencionada es Braulio Foz, con su
Vida de Pedro Saputo. En otra línea se encuentra Alberto Casañal,
con sus tres cancioneros y su gran producción bibliográfica
en la que se abundaba especialmente en el chascarrillo y la anécdota
de tópico baturrista, o muchos autores como Sixto Celorrio, Gregorio
García-Arista, Ángel Abad Tárdez, Luis Sanz Ferrer,
que escribieron numerosos cancioneros de coplas de producción
propia.
Pero el primer cancionero moderno realizado bajo parámetros metodológicos
estrictamente etnográficos fue el Cancionero Popular Turolense
o Colección de canciones y estribillos recogidos de boca del
pueblo en la ciudad de Teruel; es ésta una colección de
coplas, 1.362 coplas y 78 estribillos, que fue recogida por el profesor
Doporto, natural de Madrid pero que durante más de veinticinco
años vivió en Teruel, desarrollando allí una importante
labor en el campo de la arqueología, la historia y la etnografía,
fruto de lo cual son varias publicaciones. Una de ellas, este cancionero,
se publicó en el año 1900 y se reeditó en el año
1901, y recientemente se ha llevado a cabo otra reedición por
iniciativa del Servicio de Patrimonio Etnográfico, Lingüístico
y Musical del Gobierno de Aragón . El libro, como mencionábamos,
llama la atención por el riguroso planteamiento de trabajo, el
método etnográfico empleado para confeccionarlo, como
es la entrevista y la observación directa, la clasificación
de las coplas por temas, la pulcritud del lenguaje castellano y el gran
número de coplas recogidas; además de un vocabulario y
un índice con la clasificación “por asuntos, tendencias,
formas, orígenes y comarcas” y, por último, una
extensa descripción del contexto en el que el autor afirma haberlas
recogido, los motivos y el fin con que muchas de las coplas son interpretadas,
lo cual supone un valioso retrato costumbrista de la época. Adjunta
finalmente la partitura de la “Jota popular turolense. Tomada
de las rondas del país y escrita para piano” por José
Traver.
A este cancionero de Doporto siguieron otros, también elaborados
con criterios recopilatorios, entre los que destacaremos la colección
Mil coplas de jota aragonesa, de Miguel Sancho Izquerdo, publicado en
1911, o el Cancionero Aragonés de Juan José Jiménez
de Aragón (pseudónimo de Dámaso Sangorrín).
Pero el primer esfuerzo por sistematizar y registrar la música
de las cantas de la jota fue el cancionero publicado en 1895 por Santiago
Lapuente y Ángel Sola, con transcripción para piano de
José María Alvira. En este cancionero, compuesto inicialmente
por 22 coplas o estilos de jota y ampliado en 1914 hasta 37, se encuentra
la primera recopilación y clasificación sistemática
de los estilos clásicos de jota, proporcionando un material de
repertorio de valor inestimable.
A él siguieron los cancioneros “clásicos”:
en 1927, la Colección de cantos populares de la provincia de
Teruel, realizado por Miguel Arnaudas; en 1969, el Cancionero musical
de la provincia de Zaragoza, de Ángel Mingote; en 1970 el Cancionero
altoaragonés de Juan José de Mur; en 1986 el Cancionero
Popular de la Provincia de Huesca también de Mur y por último
el Cancionero popular del Alto Aragón de Gregorio Garcés,
elaborado en 1962 pero que no fue publicado hasta 1999. Todos ellos
conteniendo transcripciones de numerosas melodías recogidas por
sus autores y transcritas a notación musical, acompañándolas
de sus textos y una clasificación de tipo funcional: auroras,
gozos, albadas, jotas, villancicos, dances... Estos cancioneros han
proporcionado el material de trabajo inicial de muchos estudiosos e
investigadores, y marcado el camino para muchos trabajos posteriores
realizados ya con medios más actuales.
A todo esto hay que sumar abundante material recopilado que no ha podido
ver la luz por diversas circunstancias. Es el caso de la documentación
generada por la Sección Femenina de la Falange; una parte de
esta documentación fue a parar al Archivo General de la Administración,
en Alcalá de Henares; también se pueden encontrar algunos
documentos concernientes a sus trabajos por Aragón en los Archivos
Históricos Provinciales de Huesca, Teruel y Zaragoza, y en algunas
asociaciones fundadas a raíz de su desaparición. Entre
esta documentación figuran trabajos relacionados con el folklore,
principalmente trabajos de recopilación propios y obras presentadas
a los concursos que la propia Sección Femenina organizaba. Este
material dista mucho de estar perfectamente inventariado y catalogado,
lo cual hace difícil determinar la cantidad de documentos existentes.
Pero el grueso de esta documentación se ha considerado siempre,
si no perdido para siempre, sí al menos “desaparecido”.
En los últimos meses se ha comentado que dicha documentación
se encontraba en la Biblioteca Nacional en Madrid, pero a fecha de hoy
no hemos podido confirmar tal noticia.
Con todo, la estrella en lo que se refiere a material recopilado y transcrito
a partitura es una impresionante serie de materiales que permanecen
inéditos todavía, sesenta años después de
haber sido recogidos. Nos estamos refiriendo a la labor de Arcadio de
Larrea Palacín, quien durante la primera mitad de la década
de los cuarenta llevó a cabo las primeras campañas de
encuestación sistemática en Aragón, por encargo
del Instituto Español de Musicología. El resultado de
estas campañas, o misiones, según el nombre que recibían
en la época, fueron más de 1.500 melodías, que
se conservan en el Departamento de Musicología del Centro Superior
de Investigaciones Científicas (CSIC). Entre sus contenidos podemos
mencionar gran cantidad de cantos religiosos, auroras, gozos, cantos
de romería y de procesión, rogativas; cantos infantiles,
cantos de cuna, cantos de juegos para niños pequeños,
formulillas y canciones eliminatorias, juegos de corro, prendas y bailes,
juegos de saltar a la cuerda; algunos cantos de faena, de veladas, de
bodega, de ronda, de quintos, sanjuanadas, de navidad y de boda; jotas,
incluyendo variaciones y toques de jota baja para guitarra; y numerosos
bailes de salón y plaza, polcas, boleros, y melodías de
dances. Además, una de las misiones consta de 79 coplas de jota
aprendidas del jotero Balbino Orensanz durante los años 1902
a 1904, e incluye prácticamente todos los estilos de jota clásicos.
Junto con este impresionante trabajo de recopilación realizado
por Arcadio de Larrea siendo becario del Instituto Nacional de Folklore
puede también encontrarse el trabajo por él titulado Tente
y no Caigas. Tonadillas bailadas en los dances, romances y canciones
infantiles. Es ésta una amplísima e importantísima
colección de melodías recogidas por Arcadio de Larrea
y presentadas al primer concurso del Instituto Nacional de Folklore
en 1945. Se trata de un total de 226 melodías: 73 romances y
59 canciones infantiles, depositadas también en el Departamento
de Musicología del CSIC.