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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 12 El difícil arte de ser artesano tradicional en Jujuy por Jorge Kulemeyer y Pamela Álvarez 1
Solo en tiempos recientes, el artesano pasó a ser solo una porción reducida de la población productiva comercial de Jujuy, en un proceso que en algunos lugares de la Puna aún ahora se encuentra en tren de instalarse. Fue cuando llegó el proceso de desplazamiento de la producción artesanal por la industrial. En un principio la producción nacional tenía mayor incidencia pero, muy especialmente en las postrimerías del siglo veinte, el uso cotidiano de mercancías producidas industrialmente en países lejanos (caso de prendas textiles, vajilla y herramientas), ha venido a desplazar a la producción nacional. Progresivamente se fue privilegiando cada vez más la estética que trajo la producción masiva ligada a valores de uso diferentes, nuevas modas, marcas con fuerte respaldo publicitario, precios comparativamente bajos en relación a la producción artesanal, otra calidad de terminación, etc. El artesano tradicional de Jujuy es, al menos en teoría, heredero de esta historia que procura ser parte de un entramado dado por una economía muy compleja que tiene un perfil social que muy poco tiene que ver con el de antaño. Es que también la actual producción artesanal está asociada a expectativas, destinos, funciones y una valoración estética que son muy diferentes a los de los antiguos productos seleccionados como referencias testimoniales del pasado de la región. Las artesanías son en la actualidad un consumo cultural que, en la inmensa mayoría de los casos, no atienden una necesidad primaria del adquirente por lo que no le son indispensables. En Jujuy los textiles artesanales han sido una producción típica del medio rural (el hilado de la lana de oveja o la fibra de camélido es una actividad que se produce generalmente durante el pastoreo) en tanto que el encuentro directo con el cliente (turista) y, consecuentemente, la comercialización, es una actividad que se desarrolla especialmente en centros urbanos. El caso de los textiles producidos en telares en base a hilados y teñidos realizados localmente en forma manual constituye, probablemente, la producción tradicional más representativa en la que el aislamiento social y económico ha favorecido la conservación de una tradición artesanal con raíces de cierta profundidad temporal. Nos encontramos en un contexto, especialmente en las zonas rurales, de una población menguada en lo numérico, con una pirámide poblacional donde predominan los mayores, en la que la producción artesanal ha estado durante muchísimos años devaluada en la consideración social (incluso entre los jóvenes del lugar), rebaños compuestos por cantidades muy reducidas de animales por unidad doméstica (absolutamente insuficiente para una producción industrial y/o consumo masivo de fibras, lanas, carnes y otros derivados), como parte de toda una serie de factores que conspiran contra la posibilidad de que las artesanías sirvan como punto de partida para la mejora de las condiciones de vida de aquellos que son los principales referentes vivientes de una tradición cultural andina que da lugar a los productos objeto de comercialización. Los artesanos gozan de un nuevo protagonismo social: las artesanías se vinculan, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, con conceptos de identidad con las que se pretende identificar el conjunto de la sociedad o grupo del cual proviene el artesano. La comercialización competitiva de la producción de los artesanos textiles tradicionales demanda que las prendas se ajusten en tamaño, forma, terminación y diseño a las demandas de los potenciales compradores. A ello se suma el requerimiento de cantidades que los artesanos no están en condiciones de producir. El típico habitante de Puna o Quebrada de Humahuaca nunca ha tenido a una actividad artesanal, cualquiera que sea, como tarea única o principal y suele ser reticente a adecuarse a las nuevas demandas del mercado, por más auspiciosas que sean y cambiar su modo tradicional de vida, puesto que no está suficientemente convencido de los posibles beneficios que, en el mediano y largo plazo, aportaría un proceso de reconversión laboral y de estilo de vida. Semejante cambio solo puede intentar implementarse con la colaboración de propuestas políticas, sociales y económicas responsables y respetuosas. Todas estas limitaciones en materia de cantidad, calidad, precio, estética de la producción, han abierto un espacio que es aprovechado por nuevos actores, personas dedicadas a tiempo completo a la actividad, y a la participación de nuevos productos y productores tanto de origen local como foráneo, y una gama que va desde lo artesanal a lo industrial, a veces con la introducción de técnicas semi-industriales y, en algunos casos, directamente industriales. A partir de aquí el espectro entre lo artesanal y lo industrial conoce una escala caracterizada por una gran cantidad de matices y no es extraño ver producción “artesanal” atribuida como original de la provincia de Jujuy (o Salta) y que en realidad ha sido producida en gran escala en Córdoba, Bolivia, Perú o Ecuador para ser comercializada en todo el país. El uso de la informática se ha convertido, tanto a nivel nacional como internacional, en una herramienta de uso generalizado en la población y, muy especialmente, a nivel comercial. Los sectores de muy bajos recursos, especialmente aquellos alejados de las áreas urbanas, entre los que se encuentra un porcentaje de los artesanos que suele ser importante, no cuenta en su vivienda con un equipo de computación y, menos aún, con acceso a internet. El ciberespacio es un recurso común para facilitar y/o lograr todo tipo de vínculos en materia de transacciones comerciales. Dada las características del producto y el hecho de que la mayoría de los clientes no suelen ser locales, el desarrollo de internet ha sido especialmente conveniente en el caso de las artesanías. Es frecuente que el artesano y el cliente recurran al ágil vínculo que significa el correo electrónico y que ofrezca sus productos a través de una o más páginas o sitios insertándose así en el creciente comercio electrónico. Esta forma de vinculación tiene muchas veces como intermediarios a comerciantes, organizaciones sociales y religiosas, tiendas de los muesos y al propio Estado. De esta manera, muchas veces las transacciones se realizan sin necesidad de que el comprador visite al artesano. La capacidad y habilidad para la difusión vía internet adquieren un rol cada vez más importante para la competitividad para la cual el artesano común no suele estar preparado. Es evidente que las artesanías se encuentran en una situación de profundos cambios en todo lo referente a su concepción, proceso productivo y comercialización. Son nuevos (y diferentes) los actores y los productos. Es importante tomar conciencia de lo que está ocurriendo, especialmente por parte de aquellos que tienen ingerencia en la planificación e implementación de políticas específicas. Se recurre al pasado como fuente de inspiración pero es necesario saber que no es posible recuperar una identidad ni pasar al olvido centurias de la historia de una sociedad. Paradójicamente aquellos sectores de la población que por necesidad y/o tradición continuaron produciendo artesanías cuando la inmensa mayoría se volcó al consumo de productos manufacturados industrialmente, quedan nuevamente postergados y marginados de los beneficios de esta nueva etapa de resurgimiento social y económico de las artesanías. Es necesario un pensamiento y una acción económica y social que genere espacios para la inclusión y la mejora de la calidad de vida, evitando recurrir al uso y abuso de estereotipos ficticios. En suma, no suele bastar que el artesano maneje con maestría su especialidad, también debe tener conocimiento, cuanto más avanzado mejor, de las herramientas y características propias del funcionamiento de la sociedad global. En un sistema económico donde vender lo producido suele ser mucho más decisivo que producirlo son demasiados los factores que dan lugar a una debilidad estructural de los artesanos y a una muy fuerte intermediación en la comercialización. 1 museo@imagine.com.ar
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