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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 11

Belgrano: una República aparte por Ana Leguísamo Rameau

Muchos dicen que Belgrano es una República aparte. La belleza de sus amplias calles arboladas sobre las veredas de los famosos virreyes( Arredondo, Avilés, Loreto y Del Pino) nos sitúan allí porque también un tango se puso a cantar y se enmudeció con el paisaje colonial de su portada “Barrio de Belgrano, caserón de tejas! Te acordàs, hermana de las tibias noches, sobre las veredas...” . La maravilla de sus barrancas cayendo despiadada sobre Luis María Campos y Juramento da un respiro de naturaleza viva en medio de la ciudad invadida por el smog. Es insólito pensar que esta generosa obra de arte natural estuvo moldeada por la mano del hombre para mejorarla a raíz de las excavaciones que iniciara Juan Manuel de Rosas por apoderarse de la tierra y realizar su mansión en San Benito de Palermo. No obstante Carlos Thays (paisajista francés) remodeló el lugar haciendo de Barrancas de Belgrano una fotografía impecable para disfrutar. Sin embargo, no es moda que Belgrano guarde un encanto particular. Ya, desde hace tiempo atrás, muchos se enamoraron de su hermosura. Es el caso de Nicolás Avellaneda quien el 04 de Junio de 1880 se reunió con sus ministros y declaró por decreto a Belgrano como residencia de las autoridades de la Nación. También el ex Presidente Manuel Quintana se trasladó a Juramento 1938 a la quinta de Nicolás Mihanovich donde pasó un tiempo considerable. Por supuesto, no podemos olvidar a Alfonsina Storni y a Roberto Arlt, Ernesto Sábato y José Hernández, íconos de la literatura argentina, quienes también vivieron en esta pequeña República Porteña.
Los inmensos árboles de Belgrano ponen una tregua a la intoxicación capitalina, y calles como Vuelta de Obligado, Tres de Febrero, Zabala, Federico Lacroze o Ciudad de la Paz le dan un marco de categoría especial antes de llegar al andén donde pasa el Ferrocarril Mitre, justo antes de Libertador. De este modo, recordamos a Marcelo Torcuato de Alvear quien compró una casa el 11 de Septiembre 1240, en pleno corazón del barrio. Tal vez algunos de aquellos hombres políticos cruzaron la calle para saludar a sus adversarios, como es el caso de Juan Carlos Onganía quien vivió en O´Higgins y José Hernández. En cambio, el General Roberto M. Levingston habitó una propiedad en la calle 11 de Septiembre y José Hernández.
Belgrano es el resurgir contemporáneo de una clase media alta que se constituye con el éxodo de los ricos que abandonaron San Telmo a causa de la epidemia amarilla. Es el fruto del encuentro entre europeos y clase acomodada. Los comerciantes también tienen un lugar reservado en el barrio. Lo fue Federico Lacroze, un hombre de negocios quien inspiró su mayor fortaleza económica en la activación de los tranvías de la ciudad y fue todo un avanzado de la época.
El barrio se divide en tres regiones que lo caracterizan: Bajo Belgrano, Belgrano Central y Belgrano R.
Catulo Castillo y Sebastián Piana inspiraron una de sus mejores canciones basadas en este bellísimo barrio. “Barrio de Belgrano...!Caserón de tejas...!donde está el aljibe...? donde están tus patios...?donde están tus rejas...?” Sólo son preguntas retóricas que buscan la identidad de barrio del ayer.
Belgrano tiene el nombre de uno de los próceres más notables de la Argentina. Es un pulmón que oxigena las calles porteñas del hoy. Un pedazo de Buenos Aires que busca el encanto del barrio colonial que no pierde el arte de su magia y que se hace llamar República Aparte.

 

 

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