Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 9
El Examen: una mirada desde el postmodernismo
por Jorge Sapka
El examen es un espacio de conflicto, objeto de continuas
polémicas. En sentido estricto no pertenece a ninguna disciplina;
evidentemente tampoco pertenece a la pedagogía. Sin embargo,
llama la atención:
A) la excesiva confianza ( social, política e individual) que
pretende resolver los problemas de la educación sólo modificando
los exámenes
B) el reduccionismo con el que se aborda el problema de la evaluación,
que hace de este tema sólo una cuestión estadística
desconociendo otras dimensiones de la problemática, y
C) la similitud que guardan en la actualidad los manuales técnicos
de evaluación que han destruido toda cultura pedagógica.
Para estos textos, hacer un examen es cuestión de un buen manejo
de la estadística descriptiva. Ni siquiera presentan las tesis
centrales de la teoría de los tests.
Esta instancia tiene una historia y una evolución en la pedagogía,
si bien no surgió en ella. En la historia de la educación
no todo proceso de enseñanza culminó en exámenes
y cuando se incorporan los mismos en la universidad medieval, estos
no son reducidos a calificaciones. No existe , hasta el siglo XIX, una
evidencia de notas escolares. Es importante tener presente que en el
principio de la didáctica, el examen forma parte del método.
Es un lugar de aprendizaje, no de control. Asimismo es importante advertir
que existe una forma moderna y tecnocrática de hacer exámenes
que no corresponde a prácticas antiguas en el sistema educativo.
En la actualidad hay quienes consideran que la evaluación es
inherente a la educación , es decir que sin el examen no existiría
una motivación real, de parte de los alumnos, para el estudio.
En ese sentido, es que se lo piensa como herramienta que posee dos funciones:
por una lado la de certificar los conocimientos y por otro la de asegurar
la adquisición de los mismos por parte del alumnado. Para Angel
Díaz Barriga *esta última función es una falacia,
el autor plantea una revisión histórica demostrando que
la evaluación se hizo presente en el siglo pasado y por lo tanto
no siempre fue de la mano con la evaluación.
El examen como método evaluativo surge al mismo tiempo que la
escuela como institución estatal. Esto no es una mera coincidencia,
ya que la educación no es neutral al orden establecido de una
sociedad. Ante todo modelo de educación subyace la cuestión
de saber a qué tipo de ser humano se va a educar. Además
de esta connotación, que parte de una antropología filosófica
de la educación impartida, no debemos olvidar el carácter
eminentemente político porque ésta se ve orientada, pues
ese hombre va a estar inmerso en un medio social espacio-temporal determinado.
Este es fundamental para la reproducción de los valores sobre
los cuales ella se sostiene. El sistema educativo actual responde a
una fundamentación teórica que está avalada por
el orden hoy en día siempre imperante. Sus raíces, sus
orígenes, debemos buscarlos en el establecimiento de este orden,
que no sólo propone un nuevo orden educativo sino que apunta
a una nueva visión de hombre, de estructura social y de libertad,
de modo que debemos partir desde los principios de la Modernidad.
El ideal de hombre es el individuo burgués, y el principal dispositivo
para la producción social de éste es el examen. En éste
se superponen las relaciones de poder y de saber; y abarca tres aspectos:
calificar, clasificar y castigar. En el examen se visualiza todo lo
que el alumno introyectó, por lo que Foucault lo denomina la
“ceremonia de la objetivación”. Mediante esta meticulosa
visualización del individuo, por medio de los tres aspectos mencionados,
también se lo mantiene sometido. A su vez, el examen hace entrar
también la individualidad en un campo documental. El individuo
pasa a ser un objeto descriptible, analizable, reconociéndose
asimismo a través de esa documentación, siendo, a su vez,
reconocido de esa forma por los demás. El examen hace de cada
individuo un “caso” particular.
Foucault nos invita a que efectuemos una mirada al examen como espacio
que invierte las relaciones de saber y las trastoca en relaciones de
poder. En “Vigilar y Castigar” hace un estudio sobre la
disciplina como instrumento de normalización. El estudio lo realiza
para analizar el surgimiento de la prisión, y resulta significativo
que cuando trabaja el problema de la prisión tenga que abordar
el problema del examen al hablar sobre la disciplina.
Según este autor, una instancia examinadora combina las técnicas
de la jerarquía que vigila y las de la sanción que normaliza.
Diferencia y sanciona a los individuos estando por esto altamente ritualizado,
es una “pobre técnica” en la que se encuentra implicado
todo un dominio de saber, todo un tipo de “poder”, une a
una cierta forma de ejercicio del poder cierto tipo de formación
del saber.
-“Invierte la economía de la visibilidad en el ejercicio
del poder” El poder desde un punto de vista tradicional es lo
que se manifiesta, lo que se ve y aquellos sobre los que se ejerce pueden
mantenerse a la sombra, sólo reciben luz de esa parte de poder
que se les concede. Con el poder disciplinario ocurre lo contrario,
se ejerce haciéndose invisible, en cambio impone a quienes somete
un principio de visibilidad obligatorio. En la disciplina, son los sometidos
los que tienen que ser vistos. Su iluminación garantiza el dominio
del poder que se ejerce sobre ellos. El hecho de ser visto sin cesar,
de poder ser visto constantemente, es lo que mantiene en su sometimiento
al individuo disciplinario. El examen, entonces, es la técnica
por la cual el poder mantiene a sus sometidos en un mecanismo de objetivación.
En el espacio que domina, el poder disciplinario manifiesta en cuanto
a lo esencial, su poderío acondicionando objetos. El examen equivale
a la ceremonia de la objetivación. Los súbditos ( alumnos)
son ofrecidos en él como objetos a la observación de un
poder que se manifiesta solo por su mirada.
La inversión de visibilidad en el funcionamiento de las disciplinas
es lo que habrá de garantizar el ejercicio del poder.
-“El examen hace entrar también la individualidad en un
campo documental”.
Sus procedimientos de examen han ido acompañados de un sistema
de registro y de acumulación de documentos. “El registro
sirve para recurrir a él en el tiempo y lugar oportunos para
conocer las costumbres de los niños, su adelanto en el camino
de la piedad, en el catecismo, en las letras, según el tiempo
de la escuela, su espíritu y juicio que encontrará marcado
desde su entrada”
Se trabaja de acuerdo a modelos tradicionales de documentación
administrativa pero con técnicas particulares e innovaciones
importantes. Unas tienen que ver con los métodos de identificación,
de señalización o de descripción.
Gracias a la escritura el individuo como objeto analizable puede ser
descripto en su evolución particular, en sus aptitudes, en sus
capacidades y también, gracias a ella, se puede constituir un
sistema de comparación que permite la descripción de grupos,
la caracterización de hechos colectivos, la estimación
de desviaciones de los sujetos unos respecto de otros y su distribución
en una “población.”
Aparece entonces la importancia decisiva de las técnicas de notación,
de registro, de constitución de expedientes, de disposición
en columnas y en cuadros que no son familiares.
-“El examen, rodeado de todas sus técnicas documentales,
hace de cada individuo un ´caso: un caso que a la vez constituye
un objeto para un conocimiento y una presa para un poder”.
El caso es el sujeto tal como se lo puede describir, juzgar, medir,
comparar y el individuo cuya conducta hay que encauzar o corregir, a
quien hay que clasificar, normalizar, excluir.
Esta herramienta estaría indicando el nacimiento de una nueva
modalidad de poder, en la que cada individuo recibe como regla su propia
individualidad y en la que es vinculado a las notas que los caracterizan
y hacen de él un “caso”.
Por último, sostiene Foucault, “el examen se halla en el
centro de los procedimientos que constituyen el individuo como objeto
y efecto del poder, como efecto y objeto de saber. Al combinar vigilancia
jerárquica y sanción normalizadora garantiza las grandes
funciones disciplinarias de distribución y clasificación.”
La escuela al igual que el hospital pasa a ser una especie de aparato
de examen; en ella se tratará cada vez más de una comparación
perpetua de cada cual con todos, que permite a la vez medir y sancionar;
ella pasará a ser el lugar de elaboración de la pedagogía
y ha marcado el comienzo de una pedagogía que funciona como ciencia.
Desde el análisis histórico que plantea Foucault hasta
nuestros días las políticas educativas han cambiado y
los modelos pedagógicos han variado. Actualmente en el marco
de las políticas neoliberales, priman los intereses del mercado
mundial a la hora de la elaboración de estrategias educativas;
calidad, eficiencia y eficacia se priorizan como objetivos educativos.
Y el examen toma una nueva dimensión como legitimador de estos
intereses. En este sentido, Díaz Barriga afirma que: “A
partir de la instauración de una política educativa de
corte neoliberal se buscan justificaciones `académicas` que permitan
fundamentar la restricción del ingreso a la educación.
Estas justificaciones crean nuevos fetiches pedagógicos que se
caracterizan por su debilidad conceptual, tal es el caso de términos
como `calidad de la educación`. Por otra parte se establecen
instrumentos que legalicen la restricción a la educación:
este es el papel del examen.”
Es así como se refleja la estrecha vinculación entre educación,
política y sociedad, que es imprescindible tener en cuenta al
momento de pensar sobre educación en general y evaluación
en particular. Ya hemos dicho que la educación y la implantación
de determinado sistema educativo responden a intereses del orden imperante,
y que la elección deliberada de ciertos modelos pedagógicos
no puede desprenderse de intereses tales como las necesidades del mercado,
la formación de la mano de obra barata, la adaptación
a la “flexibilidad laboral”, se trata en palabras de Díaz
Barriga de una pedagogía pragmática o científica.
El examen cumple aquí una función primordial: clasifica
a los estudiantes entre buenos y malos, entre capaces e incapaces. La
escala de calificaciones lleva intrínsicamente una escala de
personas. No es lo mismo un 12 que un 6. Se han realizado investigaciones
que comprueban cómo a través de estas escalas se genera
un proceso de exclusión de aquellos que no cumplen las expectativas
establecidas por la institución. Bourdieu, por ejemplo, habla
de “capital cultural”; éste se define por el conjunto
de hábitos y conocimientos que las personas contraen en sus ambientes
familiares y está determinado pos su posición social y
económica. En este sentido las clases dominantes también
poseen un capital cultural que justamente es el que se intenta trasmitir
en la escuela. La conclusión que establece este autor es que,
dependiendo de la distancia que exista entre el capital cultural que
se posee y el que se “debe”, es que se cumplirán,
o no, las expectativas de la institución.
La tarea es desarticular, desarmar, desechar este y otros instrumentos
de dominación y dar paso a una educación para la libertad.
Bibliografía
Alvarez Mendez, J.M.,”Evaluar para conocer, examinar
para excluir”. Madrid: Morata.2000.
Díaz Barriga, A., “Currículum y Evaluación
Escolar: Buenos Aires: Aique. Grupo Editor. 1999
Díaz Barriga, A, “Docente y Programa. Lo institucional
y lo didáctico”.Buenos Aires: Aique. Grupo Editor.2000
Foucault, M., “Vigilar y Castigar”, México: Siglo
XXI Editores, pp. 189-198
Puyol, R, “Apuntes para la resistencia”en El Boletín.
Ademu, junio de 2005. Nª140