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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 8 Las caras de la India por Liliana García Daris El mundo del espíritu En occidente la India siempre ha despertado una frondosa imaginación donde lo exótico y misterioso prevaleció sobre su realidad histórica. Sin duda no faltaron motivos para ello, pero también debemos tener en cuenta que es un país vibrante e inserto en el mundo globalizado. En el año 1994 Henry Kissinger predijo que la India está llamada a ser una de las naciones más importantes del siglo XXI. La profecía se está cumpliendo. Es una nación compleja y atípica. Sin embargo su característica principal es su capacidad de integración y complementación de los opuestos. Querer exponer sobre la importancia de la cultura de la
India es un reto y a la vez un matiz de arrogancia. En India todo es multicolor y exuberante como su clima, desde territorios nevados hasta los tórridos desiertos, bellas playas y junglas que tienen especies animales y vegetales variadas y singulares. No es fácil percibir lo complejo de su heterogeneidad, por lo tanto expondré algunas connotaciones que servirán como ejemplo, tal el caso de las lenguas que se hablan en el mencionado país, la Constitución reconoce 18 idiomas, siendo los dialectos más de 800, en diferentes estudios existen cifras dispares por tal motivo se lo ha denominado un gigante socioligüístico. El hindi es el oficial hablado por el 45% de la población
en tanto el inglés se utiliza con fines oficiales administrativos.
La India es uno de los principales países plurilingües del
mundo. Para tener una acabada imagen de lo que representa esta situación,
la radio All India transmite en 24 idiomas y 146 dialectos, también
esta cuestión se traslada a los periódicos, se editan
en alrededor de 34 lenguas y la editoriales publican en alrededor de
80. El subcontinente indio ha sido la cuna de una de las culturas
más importantes que se irradió a todo el mundo, en especial
al sudeste asiático y al extremo oriente. “Tu eres el dirigente de las mentes de todos, el dispensador del destino de la India. Tu nombre despierta los corazones del Punjab, Gujarat, y Maratha, de Dravida, Orisa y Bengala: hace eco en los montes Vindhya e Himalaya, se entremezcla con la música del Yamuna y del Ganges, es cantado por las olas del Océano Indico. Ellos rezan por tu bendición y cantan tus elogios. La salvación de todos depende de ti, dispensador del destino de la India. Para ti la victoria, la victoria, la victoria.” Los himnos patrios en general se distinguen por narrar gestas heroicas, victorias, reivindicar su libertad y soberanía. En este caso, se puede apreciar que es una oración a la divinidad. La antigua literatura posee contenidos sapienciales, es
la búsqueda de lo divino, como diría Rudolf Otto es el
encuentro con lo numinoso. El indio para referirse al Absoluto lo nombra
el “Uno”, “Eso”. Curiosamente el alfabeto sánscrito, denominado devanagari (generalmente traducido como alfabeto de los dioses), es una lengua antigua utilizada en sus textos sagrados y no tiene una palabra que denote religión, el término empleado es Dharma que expresa entre sus múltiples significados Ley Universal, es una ley metafísica que rige al mundo y a la cual los hombres deben adecuarse. La palabra deva usualmente traducida como dios, rigurosamente
significa ‘el que brilla’. Usualmente se cree que el hinduismo es una religión
politeísta, apreciación que tuvieron los occidentales
cuando encontraron que los textos hablaban de ‘diferentes dioses’.
Ellos son cual flechas que conducen al hombre en el sendero de la salvación. Así es la India, lo aparentemente contradictorio
no es tal, los sabios enseñaron las más abstractas verdades
para las diversas capacidades cognitivas y lo inefable es también
el dios más tangible y cercano al cual se le entregan ofrendas,
se les cambian sus ropas y se los venera con las esencias más
exquisitas siempre acompañados con la lectura de sus escritos
sapienciales y cantos sacros. Sobre todas estas apariencias está
el inefable Brahman, principio de todo lo manifestado y al cual el hombre
debe reconocer en su propio corazón Si bien el hinduismo en sus variadas expresiones congrega
la mayor cantidad de devotos, otras tradiciones tienen su cabida en
tan amplio territorio. La doctrina budista desafió las costumbres sociales y religiosas de la época, su afirmación fundamental de la no-violencia, iba en contra de los rituales sacrificiales y proponía la igualdad de las castas en una sociedad que estaba rigurosamente estratificada. Podríamos decir que el budismo era políticamente incorrecto, poco queda de él en India pero reverdeció en el sudeste asiático y su vitalidad es arrolladora en el Extremo Oriente. La única expansión que India produjo en
el devenir de su historia fue cultural, aunque constantemente invadida
por distintas naciones tuvo la capacidad de incorporar de ellas diferentes
expresiones de esas tradiciones y de su arte. La sociedad y la política La historia de la India no solamente presenta una búsqueda
de la espiritualidad y la mística, de las que han abrevado las
diferentes culturas en toda la extensión planetaria; en otra
de sus facetas expresa un legado de verdadera astucia e inteligencia
de lo que se debe hacer en la política y en la guerra. En lo que concierne a la riqueza y la guerra es importante citar entre otros textos el Arthasastra (Tratado de la ciencia de la riqueza), y el Mahabharata, (poema épico de la guerra de los Bharata, antiguos habitantes de India), especialmente el capítulo XII. El arte de gobernar no consigna la amistad, significa en forma escueta que el pez grande se come al chico, vulgarizando la escena, significa simplemente que impera la ley del más fuerte. Kautilya, generalmente aceptado como el autor del Arthasastra
enseñó las teorías y procedimientos que todo estadista
hindú en el antiguo estilo de gobierno debía llevar a
cabo. El gobernante debía ser un dictador solitario, afirmado
en una enorme y costosa maquinaria militar, en un elaborado sistema
de espionaje y de policía secreta, que incluía prostitutas,
delatores, asesinos, fingidos ascetas y envenenadores profesionales.
La teoría política predica el apotegma,
que no se debe confiar nunca. La desconfianza es la base primordial
de todo juego político. Este sistema no da lugar al sentido del honor ni de dignidad,
para lograr el triunfo se deben tener actitudes obsecuentes, declaraciones
de firme amistad y fingida humildad. Generalmente la estrategia utilizada es la ‘torcida’. En India entre una de las más destacada excepciones está Mahatma Gandhi La consecuencia de las acciones según nos enseña la ley metafísica del karma (acción) se fundamenta en la justa retribución de los hechos, pero desde la perspectiva de la política de la ‘vía torcida’, es abolida aquella significación. Se aduce que nadie sabe lo que sucede luego de esta vida, consiguientemente lo importante y necesario es ser fuerte y ejercer la voluntad para lograr el poder. El uso de la fuerza también es una táctica relacionada con la implementación de lo legal, donde se dan situaciones en que lo legal no es necesariamente justo. En la búsqueda del poder antes que ser moral se debe ser fuerte. Aquel que esté decidido a ejercer la violencia y la crueldad, así como el pescador mata a sus peces, puede aspirar al triunfo. Los pueblos no respetan a los dirigentes débiles. Las formas de lograr el poder tampoco son morales. La
política dispone de diferentes estrategias para lograr sus objetivos,
primeramente se opera según la táctica de la negociación,
si no resulta la otra opción es el castigo. Enuncia el Mahabharata: “Carga a tu enemigo sobre
tus hombros hasta que hayas conseguido de él lo que buscabas,
luego arrójalo, arrójalo y destrózalo con una piedra
como a una vasija de barro” La institución del espionaje descripta en el Arthasastra es de tal actualidad y agudeza que bien puede ser utilizada en las agencias de inteligencia de los distintos países del planeta. La India nos enseña que la guerra más férrea se desarrolla en el corazón del hombre. Tal vez esta sea una obviedad pero no por ello deja de ser real. Luces y sombras son facetas que hacen a la realidad de la vida en la búsqueda espiritual y en la voracidad el poder.
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