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Artículo Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 7 Mataderos Blues por por Ana Leguísamo Rameau Muchos han inspirado estrofas de sus mejores canciones en lugares puntuales de Buenos Aires. En sus barrios duerme la fuente de inspiración más exquisita y el olor a tango se pierde en las melodías, estrofas o artículos de alguna alusión barrial de la ciudad. Algunas personalidades marcan la etiqueta de su región. Borges relata historias de malevaje con un sentir incomparable que delata las veredas palermitanas de la época. Alberto Castillo nos dice que en Corrientes 348 2º Piso Ascensor hay un departamento “A media luz” y, por supuesto, nos pinta un sitio en pleno centro, tan porteño como el cabaret. Edmundo Rivero se traslada al “Sur” y nos canta “Cafetín de Buenos Aires” y alude a una perfecta inspiración porteña de bares y mujeres, tal vez encontrados en Avellaneda o Barracas. Jorge Maciel, oriundo de La Boca, recuerda a “Vuelta de Rocha” con su melodiosa voz enredada en “Remembranzas”. En un palpitar más generalizado Pichuco nos describe la melancolía de sus partituras con “Che, Buenos Aires” y allí se entremezcla todo el amor fervoroso por la ciudad porteña del ayer. Por supuesto, no hay nada que expresar con una de las canciones tangueras más románticas al sentir especial de Carlos Gardel con “Mi Buenos Aires querido” o su inolvidable “Caminito” memorando la patria de Jorge Maciel o su “Barrio reo” aludiendo algún lugar porteño de malandras. Pero ¿qué ocurre con ciertos suburbios donde han sido verdaderos íconos de imaginación para los poetas enamorados? Memphis La Blusera interpreta “Mataderos Blues” y allí el barrio, los amigos, los recuerdos y las vivencias cobran fuerza en sus temas. En el paisaje de su narrativa late la verdadera esencia de Mataderos, antes llamado “Nueva Chicago”. Aquí podemos mencionar que la particularidad de este barrio, entre tantas anécdotas, es el recuerdo de sus propios artistas u hombres destacados. Si viajamos hacia los años treinta no podemos olvidar a Justo Juárez “El torito de Mataderos”, este hombre que fue centro verdadero de inspiraciones tangueras. Este torito había sido boxeador, quien debutó a los quince años como peso mosca. Falleció al contraer tuberculosis. Es hoy un ser muy querido por Mataderos y una figura destacada del deporte al cual, los vecinos, levantaron un busto en su memoria. También Tito Bessone, líder del Turismo Carretera, recuerda al barrio con amor pues éste fue su cuna. Oscar Sbarra Mitre (Director de la Biblioteca Nacional) es otro ciudadano nacido en esta República de Mataderos, el cual inspiró milongas y candombes que ponen al descubierto las costumbres de su gente. Los payadores no están al margen pues éstos ocuparon un papel preponderante ya que en la década de los 60 y parte de los 70 se concentraban en el barrio para proceder con sus cantares. Claro, hoy se revive como en las mejores épocas el sentir nacional de aquellos que forjaron la región pues La Feria de Mataderos es un verdadero encuentro que funde la historia con el antes y el ahora. La Feria de Mataderos La feria de Mataderos fue creada en el año 1986
por la Lic. Sara Vinocur. En este espacio artístico y cultural
el visitante podrá divertirse con los eventos realizados durante
los fines de semana. Los días Domingo se desarrollan todo tipo
de actividades donde las familia, los amigos y los turistas pueden disfrutar
recitales en grandes escenarios de carácter nacional. El folklore
es el amigo incondicional del barrio, aunque Memphis cante “Mataderos
Blues” pero Mataderos también huele a tango y blues. Las
guitarreadas de sus gauchos (gauchos locales enfundados y también
auténticos) regalan a la feria verdaderas payadas. También
los artistas invitados hacen que Mataderos se transforme en una incógnita
para el encuentro con sus cantores. Hay buena comida donde se protagoniza
el infaltable asado, el choripán, los productos regionales, el
buen vino y los exquisitos postres criollos. Los centenares de puestos
nos ubican en lo más autóctono de las provincias. Objetos,
fogones, manjares varios, mermeladas, dulces, pan casero, ropa, ponchos,
sombreros, cuchillos, etc. nos recuerdan que, en Mataderos, los Domingo,
parte de las historias gauchescas de Benito Lynch, se instalan en el
barrio. Museo Criollo de los Corrales Ubicado en lo que era La Administración de los
Mataderos es hoy un edificio de arquitectura italiana. Este museo se
inauguró el 9 de Julio de 1964 y fue declarado Monumento Histórico
Nacional en el año 1979. Hay empedrados de plata y oro. La visión
del sulki nos instala en medio del campo, como si allá caminara
Don Segundo Sombra con sus botas de potro revoleando algún rebenque
amenazante. Aquí se exponen verdaderas obras gauchescas como
espuelas, boleadoras, cintos, objetos varios de cuero y, además,
cuenta con un patio de época adornado por un aljibe que brota
como reliquia de antaño para las páginas de la historia
argentina. Sólo faltan las chinas debajo de la parra cocinando
las tortas fritas para sus paisanos en un ir y venir de mates y payadas.
De piropos y cuestiones políticas al buen estilo del rebelde
Martín Fierro. Gauchos clonados ¿Quién dijo que no hay gauchos clonados? Son mezcla de pasado y presente. Los hay de todos los colores y religiones. ¿Quién no escuchó alguna vez hablar sobre los gauchos judíos, pampeanos, entrerrianos o de algún otro credo o provincia? Los gauchos son todos gauchos pero con orìgen diferente y vaya si se han hecho valer a lo largo de la historia. Bien sabe de eso el gran Martín Fierro, hombre político y payador. El gaucho siempre quiso adjudicarse un lugar en la historia y por supuesto que lo ha logrado. Pero en Mataderos también hay gauchos clonados con espuelas y bombachas que, en un tono de paisano solidario, nos enseña las bellezas de la tierra y nuestra patria. Es ese gaucho del siglo XXI que, mientras conversa sobre mates, pasteles o chicharrones, desconcentra su charla al llamado del celular.
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