Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 4
Scalabrini Ortiz no es solo una calle por
Ana Leguísamo Rameau
Hay calles que no sólo aportan nombres a sus ciudades
sino que integran verdaderas identidades dentro de un barrio. Santa
Fe, Araoz, El Salvador, Costa Rica, Salguero, Coronel Díaz, Scalabrini
Ortiz y otras tantas son verdaderos íconos dentro de nuestra
hermosa república palermitana. Ocurre que, detrás de cada
nombre, existe una exquisita y enigmática historia de la que,
muchas veces, estamos ajenos a su conocimiento. Por eso no cabe duda
dónde se encuentra la avenida Scalabrini Ortiz pero ¿sabía
usted quien era verdaderamente Raúl Scalabrini Ortiz? Verá
que no sòlo era una ocurrencia ideada por algùn concejal
al bautizar una calle de esa manera pues Scalabrini Ortiz era un ser
multifacético y respetado por todas clases argentinas.
Raúl Scalabrini Ortiz, amante de las matemáticas, la física,
escritor, periodista, agrimensor, campeón universitario de box
y luchador, desde una óptica muy personal con respecto a la religión,
manifestó su ateísmo, y es precisamente la muerte de su
padre que produjo el impacto de su primera inclinación por escribir
sobre este tema: “... la idea de la muerte me absorbió.
Lo infinito apareció en mi cerebro como una revelación
prematura... El dolor real, verdadero, me hizo llorar por primera vez...”
Amigo de Ernesto Uriburu viajó a Europa y experimentó
un sentimiento profundo de soledad: “Estoy solo, absolutamente
solo. No hay conmigo nadie màs que yo mismo. Me espanta la idea
de mi propio ser aislado en el universo...”
Sus inicios en el periodismo determinaron un estilo personal con artículos
desordenados y, si bien, la profesión no colmó sus expectativas
económicas, tampoco lo hizo su tarea de agrimensor, por lo cual
Scalabrini Ortiz relató, en alguna oportunidad, sus carencias
al haber padecido hambre y necesidades monetarias.
Sensible, erudito y humilde, escribió obras propias "El
hombre que está solo y espera" y en los medios de “La
Gaceta del Sur”, “Pulso”, “Martín Fierro”,
“Claridad, “Vida literaria”, “La Manga”,
màs en la “Revista del Club Universitario de Buenos Aires
(CUBA)”. Posteriormente, en 1928, trabajó por primera vez
en “La Nación” componiendo temas diversos con la
seguridad de su falta de credo político aunque, ciertamente,
se opuso a Hipólito Irigoyen.
Si bien, Scalabrini Ortiz no evidenció una definición
concretamente polìtica, aunque a veces fue acusado marxista,
demostró sinceramente su lucha total contra la estructura económica
colonial, que habìa organizado Gran Bretaña en nuestro
paìs, y lo hizo con total soltura en su “Tragedia argentina”.
Luego, en 1935, integró el movimiento político FORJA,
sosteniendo principios en contra del capitalismo y de orìgen
radical.
Cuando Juan Domingo Perón asumió su presidencia escribió
innumerables cartas a Scalabrini Ortiz, quien le propuso integrar un
movimiento intelectual. El copioso correo era contestado casi amistosamente
asì:
“Mi general y amigo:
Su ofrecimiento es la mayor muestra de simpatía que haya recibido
en mi vida pero temo que la tarea exceda la órbita de mis aptitudes.
He sido siempre un trabajador solitario...”
“Usted me hace entrar en la historia a empujones. ¡Tan Don
Nadie que he querido ser siempre!”
Raúl Scalabrini Ortiz falleció un 30 de Mayo de 1959.
Su vasta y admirable trayectoria no puede resumirse en simples carillas
para demostrar la enseñanza y la grandeza de este hombre que
luchó por una verdadera identidad nacional, pero su honestidad
y espíritu de igualdad nos hace entender que todo hombre que
lucha y predica la justicia social en un mundo devorado por los intereses
particulares, tarde o temprano, podrá sentirse solo, absolutamente
solo, como lo estuvo Raúl Scalabrini Ortiz.