Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 3
Cuestiones contemporáneas de la
enseñanza por el Maestro Profesor Jorge Sapka
Es necesario que el profesor enseñe para la
comprensión. De esta manera los alumnos pensarán, analizarán,
resolverán problemas y darán significado a cuanto aprendieron.
La Didáctica y su espacio en la actividad del docente
Desde la Didáctica Magna de Comenio (1657) la didáctica
ha ocupado un lugar relevante
en el campo de las Ciencias de la Educación. Nace como la disciplina
que prescribe el qué y el cómo de la enseñanza,
es decir, como una metodología de base normativa cuyo objetivo
es hacer de la enseñanza una actividad eficaz. Es por eso que
históricamente el vocablo didáctica se asocia con otros
como: pasos, reglas, método, medios predeterminados.
La didáctica comenzó a ser una disciplina científica
en el momento en que la psicología le dio su apoyo. De esta manera
la didáctica heredó diferentes enfoques, teorías
o programas de investigación de la psicología y además
se configura en función de ellos.
La corriente de la “ingeniería didáctica”,
por ejemplo, surgida en el campo de las matemáticas se trasladó
a la enseñanza en general.
Las relaciones de la didáctica con disciplinas varias permite
establecer sus deudas, aunque también legados. Pero, el tema
de las deudas es ya muy complicado, por eso, cuando hablamos del estado
actual de la didáctica nos encontramos con un panorama muy complejo.
Para referirnos a las corrientes actuales de la didáctica deberíamos
contraponer el conductismo como programa de investigación científica
y el cognitivismo-programa que proporciona nuevas bases que sustentan
a la didáctica.
A comienzos del siglo XX, nace la psicología del desarrollo siendo,
a partir de entonces, el sujeto de aprendizaje y la identificación
de las etapas evolutivas el nuevo horizonte de la didáctica.
Distintas experiencias bajo el movimiento de la Escuela Nueva se consolidan
y personifican en nombres como Montessori, Decroly, Freinet, etc.
El interés sobre el sujeto de aprendizaje se consolida con los
aportes de las nuevas teorías del aprendizaje cuyos enfoques
terminarán por caracterizar la concepción sobre la enseñanza
del siglo XX.
Simultáneamente, las corrientes de base conductista en psicología
y los enfoques tecnicistas provenientes de campos como la administración,
inciden en la construcción de la didáctica que desenvuelve
una corriente tecnocrática constituida por metodologías
que se podrían caracterizar como rígidas e incuestionables
y cuyo fin era la eficiencia centrada en el producto. La enseñanza
era prescriptiva, basada en objetivos redactados “a priori”
y su eficacia se medía a través de evaluaciones de producto
final comparando los resultados del alumno con los objetivos propuestos.
Reaccionando a esta concepción de un hecho tan complejo como
es la enseñanza y el aprendizaje surgen, en los años 70,
las corrientes críticas de la Escuela de Frankfurt partiendo
de la idea de que la enseñanza debe basarse en la investigación
y en la reflexión y el estudio de la práctica cotidiana
de los docentes.
Toda práctica educativa es una actividad intencional, desarrollada
de manera consciente, que solamente puede hacerse inteligible en relación
con los esquemas del pensamiento; el hecho de realizar una práctica
educativa presupone un esquema teórico que, al mismo tiempo,
es constitutivo de esa práctica y el medio de comprender las
prácticas educativas de otros. Esto nos remite a preguntarnos
qué entendemos por “práctica educativa”. Carr
(1996) señala que en educación como en otros ámbitos
la idea de “práctica” se utiliza en formas diferentes
y, a veces, incompatibles: “práctica docente”, “buena
práctica”, entre otras.
Hablar de las prácticas educativas nos remite a la dimensión
didáctica de la intervención docente. En este campo se
han sucedido una serie de rupturas epistemológicas que cambiaron
la didáctica.
La didáctica constituye un campo cuya demarcación no es
clara:
“Para describir la situación actual de nuestra disciplina,
partiremos de una afirmación, en verdad muy fuerte, como hipótesis
de trabajo: El campo de la didáctica es reconocido y demarcado
por los didactas, pero es un campo difícilmente reconocido por
otras disciplinas.” Camilloni ( 1996 )
Autores varios nos presentan, hoy día, a la didáctica
como una teoría de la enseñanza. La enseñanza como
proceso diferenciado del aprendizaje se convierte en objeto propio de
conocimiento de esta disciplina. Litwin ( 1997).
Recientemente se ha generado una ruptura conceptual y epistemológica
“entre los procesos de enseñanza y aprendizaje que en su
momento pudo ser significativo pero que en los últimos tiempos
se había convertido en un obstáculo para la comprensión
, explicación y formulación de la normativa didáctica.
Se parte ahora de la idea de que se trata de dos procesos delimitados
con claridad, diferentes y hasta, en muchos casos, contradictorios.”
Sobre la base de esta diferencia, la didáctica se está
constituyendo en una disciplina, con un objeto que se puede definir
de distintas maneras porque es polisémico, pero que constituye
un objeto sólido de conocimiento y acción. Nuestra disciplina
es una teoría de la enseñanza, heredera y deudora de muchas
otras disciplinas”. Camilloni ( 1996 )
Litwin ( en Camilloni,1996 ) sostiene que a partir de la década
del 80 el campo de la didáctica, como teoría acerca de
la enseñanza, nos muestra una serie de desarrollos teóricos
que dan cuenta de un importante cambio en sus constructos centrales.
Con estos fundamentos podemos definir la didáctica como la ciencia
que se ocupa de la teoría de la enseñanza, desvinculándose,
en su campo disciplinar, de la psicología del aprendizaje, de
la metodología de la planificación, de la evaluación
y de la teoría curricular. Chevallard (1997).
Este será el significado que le asignaremos a la didáctica,
teoría de las prácticas de enseñanza, desprendiéndonos
de su histórica base normativa para la realización de
la enseñanza y la entenderemos no en una dimensión prescriptiva,
sino explicativa.
Si la didáctica es la teoría de la enseñanza entonces:
no equivale a dar clase, aunque cuando estemos desarrollando una tarea
docente estemos manifestando adhesión a un paradigma didáctico;
no equivale a metodología, a planificación, a evaluación.
Los objetivos que nos debemos plantear, como docentes, son objetivos
de enseñanza y no de aprendizaje. Esta última afirmación
nos parece de capital importancia pues se siguien viendo planificaciones
donde se plantean objetivos de aprendizaje.
Sucede que el discurso actual de nuestra disciplina deambula entre la
construcción de megateorías y la elaboración de
marcos referenciales diafragmáticos. Camilloni. ( 1995). No obstante,
últimamente ha sido posible definir principios estructurantes
de este ámbito disciplinar: trasposición didáctica,
contrato didáctico y situación didáctica, por ejemplo.
Feldman ( 1989 ) acepta como buenas prácticas de enseñanza
aquellas que recurren a diferentes métodos o estrategias, si
se adecuan a principios que acompañen la deliberación
práctica. Estos principios implican opciones, que exigen tomar
posición respecto de la conceptualización que deseamos
que nuestros alumnos construyan.. Al respecto son relevantes las palabras
de Paulo Freire quien sostiene que “...el hecho de que enseñar
enseña al educador a enseñar un cierto contenido, no debe
significar en modo alguno que el educador se aventure a enseñar
sin la competencia necesaria para hacerlo. Esto no lo autoriza a enseñar
lo que no sabe.” Estamos hablando de la responsabilidad ética,
política y profesional del educador que le impone el deber de
prepararse, de capacitarse.
Con respecto a la buena enseñanza Fenstermacher ( 1986 ) se refiere
además, de al sentido epistemológico, al sentido moral,
a las acciones docentes que se justifican basándose en principios
morales: a la forma en que se relacionan con los alumnos, a la seriedad
con que preparan sus clases, a las posibilidades de intervención
que otorgan. Las prácticas de enseñanza “presuponen
una aproximación personal al acto de enseñar que posibilita
a los docentes estructurar el campo de una manera particular y realizar
un peculiar recorte disciplinario, fruto de sus historias, puntos de
vista, perspectivas y también limitaciones. Los docentes llevan
a cabo las prácticas en contextos que le dan significado y que
se visualizan en planificaciones, rutinas y actividades que dan cuenta
de este entramado”
Las estrategias de aprendizaje tienen como objetivo “ayudar al
alumno a aprender de forma significativa y autónoma los diferentes
contenidos curriculares.” (...) La estrategia se considera como
una guía de las acciones que hay que seguir, y que, obviamente,
es anterior a la elección de cualquier otro procedimiento para
actuar” Monereo.C. et al. (2001). Si nos centramos en los objetivos
de aprendizaje que se persiguen y esperamos que nuestros alumnos no
solamente conozcan y utilicen un procedimiento para resolver una tarea
concreta, sino que además pretendemos favorecer el análisis
de las ventajas de un procedimiento sobre otro en función de
las características de la actividad concreta que hay que realizar,
o la reflexión sobre cuándo y por qué es útil
aquella técnica el proceso se complica y entran en juego las
estrategias de aprendizaje. Esta forma de aprender, indudablemente,
facilita el aprendizaje significativo a través de la toma consciente
de decisiones, pues promueve que los alumnos establezcan relaciones
significativas entre lo que ya saben y la nueva información (
los objetivos y características de la tarea que deben realizar),
decidiendo cuáles son los procedimientos más adecuados
para realizar dicha actividad. De esta manera el alumno no sólo
aprende cómo utilizar ciertos procedimientos, sino cuándo
y por qué puede utilizarlos y en qué medida favorecen
el proceso de resolución de la tarea.
Desde una perspectiva constructivista, en la que nos situamos, no hay
que trasmitir sólo la información sobre cómo utilizar
determinados procedimientos, sino que pretendemos también que
el alumno construya su propio conocimiento sobre el adecuado uso de
estos procedimientos. Esta construcción que se basa en los conocimientos
ya adquiridos, está muy relacionada con la reflexión activa
y consciente respecto a cuándo y por qué es adecuado un
procedimiento o una técnica determinada, o respecto a las exigencias
que tanto la situación de enseñanza como el contenido
plantean a la hora de resolver la tarea. “En esta tarea tiene
una actuación particular y destacada el profesor quien, al explicar
sus objetivos, decidir qué actividades efectuar, clarificar qué,
cómo y con qué finalidad va a evaluar y, sobre todo, al
proporcionar a sus alumnos determinados mecanismos de ayuda pedagógica,
favorece o no el aprendizaje de dichas estrategias.” Monereo,
C. et al (2001). Los autores establecen tres grandes objetivos a los
que consideran prioritarios si queremos lograr que nuestros alumnos
sean estratégicos cuando aprenden.
1) Mejorar el conocimiento declarativo y procedimental del estudiante
con respecto a la materia tratada
2) Aumentar la conciencia del alumno sobre las operaciones y decisiones
mentales que realiza cuando aprende un contenido o resuelve una tarea.
3) Favorecer el conocimiento y el análisis de las condiciones
en que se produce la resolución de un determinado tipo de tareas
o el aprendizaje de un tipo específico de contenidos. “Se
trataría de conseguir una cierta transferencia de las estrategias
empleadas a nuevas situaciones de aprendizaje mediante el reconocimiento
de condiciones similares en esa nueva situación”.
Conclusiones
El modo de actuar de los docentes requiere un gran cambio pues la enseñanza
se visualiza desde una óptica nueva .En la actualidad se instala
el principio de contextualización de la acción didáctica
pues buscamos la reflexión y toma de decisiones del docente;
pretendemos interpretar y comprender la experiencia en la situación
educativa, la investigación cualitativa en el aula.
La ruptura producida en la concepción de la didáctica
como simple metodología es un cambio en los contenidos de la
misma , es una nueva perspectiva de la prescripción. El “cómo
debes enseñar” se sustituye por criterios básicos
que provienen de la investigación didáctica, en su mayoría.
Estos criterios potencian para el docente el espacio de la toma de decisiones
por la comprensión de lo particular, una actitud crítica
informada por un marco teórico. Se reflexiona desde la práctica.
Asumir la diversidad de nuestros alumnos, comprender que el desarrollo
cultural tiene más que ver con los niveles de desarrollo del
sujeto que con las pautas previstas de evolución, y por tanto,
con los contextos de experiencia y las situaciones aúlicas particulares
es apostar a un docente responsable que conoce la didáctica como
marco de referencia continuo y reconoce a la enseñanza desde
la interpretación y la comprensión.
No es otra cosa a la que se refiere Litwin cuando sostiene: “Entendemos
a la didáctica como teoría acerca de las prácticas
de enseñanza significadas en los contextos socio históricos
en que se inscriben…Las prácticas de enseñanza presuponen
una identificación ideológica que hace que los docentes
estructuren ese campo de una manera particular y realicen un recorte
disciplinario personal, fruto de sus historias, perspectivas y también
limitaciones. Los y las docentes llevan a cabo las prácticas
en contextos que las significan y en donde visualizan planificaciones,
rutinas y actividades que dan cuenta de ese entramado.”
Creemos oportuno tomar, para el cierre de estas reflexiones, el concepto
de Didáctica sustentado por un representante de la orientación
crítica:
“Ciencia teórico práctica que orienta la acción
reconstructora del conocimiento, en un contexto de enseñanza-aprendizaje,
mediante procesos tendencialmente simétricos de comunicación
social, desde el horizonte de una racionalidad emancipadora.”
Bibliografía
CAMILLONI, Alicia. et al. 1995. Corrientes didácticas contemporáneas.
Buenos Aires. Paidós.
CARR, W.1996. Una teoría para la educación. Madrid. Morata.
CHEVALLARD, Yves. 1991. La transposición didáctica. Buenos
Aires. Aique
FELDMAN, Daniel. 1999. Ayudar a enseñar. Relaciones entre didáctica
y enseñanza. Buenos Aires. Aique.
FREIRE, Paulo. 1994. Cartas a quien pretende enseñar. México.
Siglo veintiuno.
MONEREO, Carles et al. 9ª ed. 2001. Estrategias de enseñanza
y aprendizaje. Barcelona. Graó.
LITWIN, Edith. 1997. Las configuraciones didácticas. Buenos Aires.
Paidós.
RODRIGUEZ ROJO, M. 1996. Hacia una didáctica crítica.
Madrid. La Muralla.
Maestro Profesor Jorge Sapka
jorsa@adinet.com.uy