Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 3
La música y la danza en las comunidades
aborígenes cubanas por Armando Rodríguez Alonso y Rossana
Lorenzo Rodríguez
INTRODUCCIÓN
La música aborigen estuvo íntimamente ligada a la danza;
ambas eran medios de comunicación mágico-religiosa, aspiraban
a dialogar con fuerzas invisibles para facilitar el logro de sus propósitos
mágicos.
En el Caribe, las danzas aborígenes, independientemente de su
modalidad han recibido el nombre de areítos o areytos, al menos
así las comenzaron a llamar los cronistas y después los
historiadores.
Pretendemos con este trabajo hacer un recorrido por estas dos manifestaciones
artísticas en la cultura "taina", pueblo neolítico
que predominaba a la llegada de los españoles en 1492; para este
propósito nos basamos en la información bibliográfica
que nos aportan las "Crónicas de Indias" y los resultados
de las investigaciones arqueológicas, lo cual nos ha permitido
hacer una reconstrucción etnohistórica.
DESARROLLO
Según la información que aportan las Crónicas de
Indias podemos conocer hoy la diversidad de los areítos: "Así
los encontramos para rogar por la victoria militar o danzas guerreras;
las fúnebres, para pedir la felicidad de los muertos; las nupciales,
rogando por la dicha de los contrayentes, las de agradecimientos por
las buenas cosechas y las de ruego para pedir lluvia, buena caza, abundancia
de frutos de recolección u otros beneficios de la naturaleza,
entre las que se encuentran la ceremonia de la yuca y el maíz".1
Los bailes o areítos son de carácter colectivo y ceremonial,
participaban en el mismo todos los integrantes de la comunidad como
ejecutantes de la danza o en calidad de observadores.
Los areítos no sólo conjugan lo artístico con lo
ritual; fueron la forma más aglutinante de diversas manifestaciones
artísticas tales como la danza, la música, la pintura,
la escultura, la arquitectura y para algunos la literatura y el teatro.
Los areítos son danzas bailadas al ritmo de una música,
sus participantes pintan y adornan sus cuerpos para la ocasión,
como se ha señalado, se lleva a cabo en las plazas o "bateyes",
que son uno de los elementos arquitectónicos más significativos;
estas ceremonias se efectuaban ante ídolos o "cemíes",
fruto de lo más auténtico de la escultura aborigen, y
por último sirvieron de literatura oral para pueblos que no debieron
conocer la escritura, a la vez que ponían en práctica
escenas teatrales, en su forma incipiente.
En la obra "Historia General y Natural de las Indias", el
cronista Gonzalo Fernández de Oviedo describe a los areítos
de la siguiente manera:
"Y en esta isla á lo que he podido entender, solo sus cantares,
que ellos llaman areytos, es su libro ó memorial que de gente
en gente queda de los padres á los hijos, y de los presentes
a los venideros..."
"Tenian estas gentes una forma buena e gentil manera de memorar
las cosas passadas e antiguas; y esto era en sus cantares é bayles,
que ellos llaman areyto, que es lo mismo que nosotros llamamos baylar
cantando ... El qual areyto hacían desta manera: quando querían
a ver placer, celebrando entre ellos alguna notable fiesta, ó
sin ella por su pasatiempo, juntabanse muchos indios e indias (algunas
veces los hombres solamente, y otras veces las mugeres por sí)
y en las fiestas generales, assi como por una victoria o vencimiento
de los enemigos, o casandose el cacique o rey de la provincia, ó
por otro caso en que el placer fuese comunmente a todos, para que hombres
y mujeres se mezclaran. e por más extender su alegría
é regocijo, tomabanse de las manos algunas veces, e tambien otras
trababanse brazo con brazo ensartados ... é uno de ellos tomaba
el oficio de guiar, y aquel daba ciertos pasos adelante e atrás,
a manera de un contrapás muy ordenado, e lo mismo hacen todos,
é assi andan en torno, cantando en aquel tono alto o baxo que
la guia los entona... Y assi como aquel dice, la multitud de todos responde
con los mismos pasos e palabras ,é orden, é en tanto que
le responden, la guia calla, aunque no cesa de andar el contrapás.
y acabada la respuesta, que es repetir ó decir lo mismo que el
guiador dixo, procede sin intervalo, la guia á otro verso e palabras,
que el como é todos tornan á repetir; é assi sin
cessar, les tura esto tres ó quatro horas y más hasta
que el maestro o guiador de la danca acaba su historia; y a veces les
tura desde un día hasta otro".2
Fray Bartolomé de Las Casas, también recoge en su "Historia
de las Indias" varios pasajes sobre los areítos, incluyendo
uno donde narra aquel en que el cacique Hatuey, procedente de La Española
les contaba a los indocubanos los maltratos recibidos por los españoles
y les advertía que el oro, era su único señor.
Establece una comparación entre los bailes en nuestra isla con
las islas vecinas del Caribe: "...comenzaron a bailar y a cantar,
hasta que todos quedaron cansados, porque así era su costumbre,
de bailar hasta cansarse, y duraban en los bailes y cantos desde que
amanecía, toda la noche, (...) como en esta isla (La Española)
y que estuviesen 500 y 1000 juntos, mujeres y hombres, no salian unos
de otros con los pies ni con las manos, y con todos los meneos de sus
cuerpos, un cabello del compás, hacían los bailes de los
de Cuba a los desta isla gran ventaja al ser los cantos a los oídos
muy más suaves".3
Según la información que aportan las crónicas,
no fueron el "cacique" (jefe de la tribu) ni el "behique"
(brujo), los que llevaran a cabo la dirección del baile; ese
papel lo desarrollaba el "tequina", que se traduce como el
maestro, pudo ser un hombre o una mujer destacados dentro de la tribu.
En torno a las letras de los areítos, Las Casas nos dice que
acompañaban la danza cantando "niñerías",
como "tal pescadillo que se tomó desta manera y se huyó"4,
tal vez la poca comprensión del lenguaje y de la mitología
aborigen por parte de Las Casas imposibilitó que penetrara la
esencia de los mismos.
"Las letras de los cánticos se referían a relatos
de las tradiciones, la mitología sobre sus cemíes, la
historia de sus orígenes, los sucesos sobresalientes acaecidos
a la comunidad y la sucesión de sus caciques, entre otros. Era
la forma de transmisión oral, mediante la cual conservaban sus
tradiciones."5
Fernández de Oviedo recoge algunos aspectos significativos del
contenido de los cantos:
"... en su cantar dicen sus memorias e historias passadas y en
estos cantares relatan de la manera que murieron los caciques passados,
y quántos y quáles fueron, é otras cosas que ellos
quieren que no se olviden. Algunas veces se remudan aquellos guias ó
maestros de la danca; y mudando el tono y el contrapás prosiguen
en la misma historia, ó dice otra (si la primera se acabó),
en el mismo son ú otro."6
Los aborígenes cubanos; al menos los más adelantados,
los neolíticos o taínos, tenían música,
instrumentos, bailes y cantos como hemos venido señalando; apoyados
fundamentalmente en los escritos de ciertos españoles que convivieron
con ellos o con los de La Española, que pertenecían a
la misma cultura.
Lamentablemente poco ha llegado a nuestros días de esas manifestaciones
artísticas.
Apoyándonos en los datos arqueológicos y en los antiguos
cronistas podemos plantear que los indígenas nuestros utilizaban
los siguientes instrumentos musicales: tambores o "mayohuacán",
hechos de madera y sin cuero; "guamos" o trompetas confeccionados
con caracoles; flautas de canutos o de huesos; maracas; silbatos y cascabeles
que hacían con caracoles univalvos fundamentalmente Oliva reticularis.
El "tambor", "tamborino" o "atabal" como
se le denominó con palabras castellanas, los aborígenes
parece que le llamaban "mayohuacán" o "mayouán";
debió ser el principal instrumento musical.
Gonzalo Fernández de Oviedo lo describe del siguiente modo: "Algunas
veces con el canto mezclan un atambor que es hecho en un madero redondo,
hueco, concavado, e tan grueso como un hombre e más o menos,
como lo quieran hacer; e suena como los atambores sordos que hacen los
negros; pero no le ponen cuero, sino agujeros a rayos que trascienden
a lo hueco, por do rebomba de mala gracia..."7
Más adelante Oviedo añade:
"La forma quel atambor, de que suso se hizo mención, suele
tener es pintada en esta figura (figura A), el qual es un tronco de
un árbol redondo, e tan grande como lo quieran hacer, i por todas
partes está cerrado, salvo por donde le tañen, dando encima
con un palo, como en atabal, que es sobre aquellas dos lenguas que quedan
del mismo entre aquesta señal semejante. La otra señal,
que es como aquesta, es por donde vacían o vacuan el leñó
o tambor quando le labran; i esta postrera señal ha de estar
junto con la tierra, e la otra que dixe primero de suso, sobre la cual
dan con el palo; i este atambor ha de estar echado en el suelo, porque
teniendole en el ayre no suena".8
Las trompetas, "guamos" o botutos han trascendido hasta nuestros
días, resultan acústicamente similar a los cuernos usados
por las culturas antiguas del Viejo Mundo y del Asia. Estudios realizados
demuestran la variedad de sonidos que estos producen. Por ejemplo una
trompeta elaborada con el caracol Cassis tuberosa, nos da las notas
musicales Do central y el Re bemol central; así tenemos que este
instrumento elaborado con Charonia tritonis nobilis da las notas Mi
bemol central, Si bemol primera octava, Do central y Re bemol central.
Otras especies utilizadas para elaborarlo fueron el Strombus sp, Xancus
angulatus, Charonia variegata y Cassis sp.9
Para hacer una trompeta se le cortaba el ápice al caracol y así
poder soplar por la perforación; de este modo y con cierta habilidad
para modular los labios, se lograba que al pasar el aire por el interior
del caracol el sonido se amplificara considerablemente; por lo que debió
ser utilizado también como medio de comunicación.
Nuestros aborígenes utilizaron las flautas como instrumento musical
de viento. Álvar Núñez Cabeza de Vaca, al narrar
el espantoso huracán que él sufrió en la villa
de Trinidad en el año 1527, dice que mientras bramaba la tormenta
y para alejarla; los indios armaban `mucho estruendo de ruido de voces
y gran ruido de cascabeles y flautas y tamborines', hasta que la tormenta
cesó.10
En Arroyo del Palo, Mayarí, los arqueólogos Ernesto Tabío
y José M. Guarch encontraron la única flauta hecha con
un hueso de ave reportada en nuestro país, este instrumento fue
hallado junto a un enterramiento de un niño aborigen, por un
campesino.
En la obra "Prehistoria de Cuba", Ernesto Tabío y Estrella
Rey exponen las semejanzas de esta flauta con las encontradas en otras
partes del mundo, sólo con la intención de señalar
una relación de tipología y estilística; tal es
el caso con las flautas norteamericanas encontradas en el sur del estado
de Virginia, al este de Estados Unidos asociadas a la cultura "woodland",
así como las de la cultura chacay negro-blanca de la costa central
de Perú y por último la "flauta solutrense"
del paleolítico superior europeo.11
La flauta de Arroyo del Palo, medía unos 10 centímetros
de largo, presentando por una de sus caras dos orificios circulares
de unos 4 milímetros de diámetro; como uno de sus extremos
estaba roto, se estima que debía haber medido unos 12 centímetros.12
Según Las Casas, "... para hacer son que les ayuda a las
voces e cantos que bailando cantan y sones que hacen, tenían
unos cascabeles muy sutiles, hechos de madera, muy artificiosamente
con unas piedrecitas dentro, las cuales sonaban, pero poco y roncamente".13
Esos cascabeles roncos son a los que hoy le decimos maracas, las cuales
se usaban sobre todo por los "behiques" para sus operaciones
de magia, por lo que para algunos eran un amuleto sonoro.
Hemos encontrado en la literatura un solo reporte arqueológico
que da cuenta de la existencia de maracas en el ajuar aborigen, es el
hecho por Fernando García y Grave de Peralta.
Según nos narra se trata de dos ejemplares confeccionados en
madera dura encontrados en la Gran Tierra Maya, Baracoa, en el oriente
cubano; una medía cinco pulgadas de alto por cinco de circunferencia
y la otra cinco pulgadas por dos; ambas poseen mangos elaborados con
la misma madera. Las dos son de una sola pieza y fueron ahuecadas sin
seccionarlas, llevando en su interior pedacitos de la misma madera que
al mover los instrumentos producen el sonido deseado. Cada ejemplar
lleva seis aberturas de abajo a arriba. Teniendo en cuenta la coloración
negra del interior de las maracas se debieron hacer las aberturas utilizando
el fuego.14
Los aborígenes cubanos debieron poseer silbatos confeccionados
en huesos o piedra, como se ha comprobado para los pueblos "caribes".
En la llamada "Cueva del puerco", en Caibarién, Cuba,
fue localizado uno de estos instrumentos hecho en piedra.
Los llamados cascabeles, son los collares del caracol Oliva reticularis,
arqueológicamente se les denomina como "oliva sonora";
a los caracoles se les hacía una perforación en forma
de ojal por donde se colgaban, mientras que en el otro extremo les cortaban
el ápice quedando separadas las espiras del interior del ejemplar;
al golpearse entre sí producen un sonido, en cierta medida musical.
Las "olivas sonoras", en ocasiones tallados con figuras zoomorfas
o antropomorfas; eran colocadas en la garganta, los pies y en las manos.
Hemos tratado de resumir las características fundamentales de
los areítos, como hemos señalado en ellos se funden el
arte y la religión en una sola actividad.
"El baile-canto llamado areíto fue sin dudas una institución
ceremonial de base religiosa, así en las dichas ocasiones como
cuando servía para la liturgia de los sacrificios a los cemíes
y la de los funerales; a veces trascenderían a los fenómenos
místicos y a los mágicos cuando, juntamente con los narcóticos
y los alcoholes, provocaban esos estados de desdoblamiento psíquico,
que hoy vemos todos los días en el espiritismo y en la santería
afrocubana, de los cuales se derivan sobre todo adivinaciones proféticas
y prácticas de curanderismo. Todo lo cual no excluye que el areíto
fuese también fuente de divertimento para la colectividad social
y catarsis para sus tensiones críticas... El areíto era
fundamentalmente un rito religioso, como suelen serlo todas las ceremonias
colectivas de los pueblos carentes de escritura."15
Notas y referencias bibliográficas
1 Luis Alfaro Salazar y Antonio J. Vargas. Prehistoria de Venezuela,
página 210.
2 Gonzalo Fernández de Oviedo. Historia General y Natural de
las Indias, Tomo I, página 125
3 Bartolomé de las Casas. Historia de las Indias, Tomo II, página
508.
4 Las Casas. Historia de Indias, citado por José M. Guarch en
El taíno de Cuba, página 179.
5 Lillian J. Moreira. Historia de Cuba I, página 188.
6 Oviedo. Obra citada, Tomo I, páginas 127-128.
7 Ídem. Página 128.
8 Ídem.
9 Israel Monteagudo. La concha aborigen, elementos para su estudio,
página 25.
10 Fernando Ortiz. La música y los areítos de los indios
de Cuba, página 118.
11 Ernesto Tabío y Estrella Rey. Prehistoria de Cuba, página
116.
12 Ídem. Página 100.
13 Las Casas. Obra citada, Tomo I, página 401.
14 Fernando García y Grave de Peralta..Excursiones arqueológicas,
páginas 60-62.
15 Ortiz. Obra citada, páginas 132-133.
Nota: Se ha respetado la ortografía y la gramática original
de los trabajos citados.
Autores: Armando Rodríguez Alonso
Rossana Lorenzo Rodríguez
Datos de los autores: - Armando Rodríguez Alonso, cubano, nació
en 1959, es Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, graduado en
el año 1980 en el Instituto Superior Pedagógico "Félix
Varela" de Villa Clara.
- Rossana Lorenzo Rodríguez, cubana, nació en 1971, es
Licenciada en Historia, graduada en el año 1993 en el Instituto
Superior Pedagógico "Félix Varela" de Villa
Clara.