Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 2
¿Donde quedó el librero?
por Ana Leguísamo Rameau
Caminando por la calle Corrientes, busco un libro antiguo
sepultado en los anales del olvido.
Las transversales me llevan a los locales de textos viejos, pequeños
antros de hojas amarillas y húmedas que, entre las manos del
librero, adquieren un toque de belleza enigmática y particular.
De pronto, tras los anteojos del erudito, se esconde la sabiduría
que todo intelectual, con buen deseo, anhela adquirir.
Nadie mejor que el librero para saber el verdadero significado de la
palabra escondida, del texto que duerme envejecido en la tierra de los
stands de la ciudad porteña. El librero, con profundo conocimiento
de trayectoria, me explica la vieja editorial que lo editó. Me
habla sobre su argumento y sobre la confección de aquel libro
cosido a mano, que ya no existe. Relata la vida de su autor fallecido,
y divaga entre frases exactas, que suele extraer con deleite del viejo
texto olvidado.
Pienso, mientras lo observo, en el increíble mundo de aquellos
bohemios, que transitan el vasto universo de la universidad y la licenciatura
para estar aquí, tan tímidamente, en este escondido salón
a la sombra de la calle Corrientes. Ellos permanecen solos en su mundo
particular, alejados del marketing actual mientras, en la transversal
avenida, los vendedores de las más reconocidas empresas, combinan
sus conocimientos con un toque informàtico para buscar alguna
obra olvidada, tarea que el librero sabe desempeñar muy bien
desde su riquísimo mundo de conocimiento total y a pulmón.
Son sólo paradojas del presente en la Era de las Comunicaciones.