Artículo
Publicado en el Periódico Domine Cultural Nº 2
Dificultades para estudiar. Una
mirada psicoanalítica por el Lic. Axel L. Rozen
¿Por qué siempre estudio a último
momento?
Muchos pacientes se quejan de tener cierta dificultad
a la hora de preparar una materia con anticipación. Saben que
si pudieran ir leyendo semana a semana alcanzarían el examen
con tranquilidad, pero en la práctica llegan con poco leído
y en la semana anterior al examen deben someterse a un intenso trabajo
de estudio, estresante y de último momento; Sufriendo la alteración
de las actividades semanales, del sueño y aumentando el riesgo
de no preparar bien la materia.
Todos ellos saben que si fueran haciendo las cosas de un modo paulatino,
la última semana sería mucho más relajada, porque
sería para repasar y fijar conocimientos y no para aprenderlos.
¿Cuáles son las causas de este comportamiento tan generalizado
y que a simple vista pareciera tan opuesto a lo conveniente para el
estudiante?
Hay que ver cada caso, que es distinto y especial. No es posible dar
un diagnóstico generalizado. Hay que buscar en cada persona qué
es lo que se está poniendo en juego en él. En algunos
casos podría ser un problema de vocación, pero no en la
mayoría. Si sucede únicamente con algunas materias, puede
ser una cuestión de gustos. Aunque incluso en estos casos dejarlo
para la última semana no ahorra estudio y sí aumenta el
estrés.
Para entender gran parte de los casos hay que tener en cuenta un par
de factores: En primer lugar que en el día a día cuando
el examen está lejos es más difícil priorizar ese
examen por sobre la interesante o no tan interesante actividad alternativa.
Aunque esto no explica por qué luego de una mala experiencia
no se toman recaudos para la próxima vez. Y eso nos conduce a
otra opción: ese estado de tensión que viven los estudiantes
previo al examen podría no ser tan indeseado como lo cuentan
en un primer momento. Si bien es descrito como de sumo displacer y malestar,
vemos en la repetición (ya que se lo vuelve a vivir una y otra
vez) y en el modo de contarlo, un atisbo de placer producido por esa
concentración de estrés, tensión y adrenalina;
que luego son disipadas rápidamente en la situación de
examen. Esa acumulación de energía y de tensión
; luego descargada de golpe, no puede más que parecerse al que
se produce en situaciones generalmente placenteras como ser en una relación
sexual. Ahora bien. ¿Esto quiere decir que los estudiantes disfrutan
de ese mal momento? En parte sí y en parte no. Como cualquier
síntoma contienen una parte displacentera y otra placentera que
lo sostiene (aunque a veces es desconocida para el que la padece).
Si esto pasara una sola vez y luego el estudiante aprendiera de la experiencia
y lograra no repetirlo, no se aplicaría; pero como en la mayoría
de los casos esto se repite, me veo obligado a suponer que algo bueno
debe tener todo esto, algo que esos estudiantes no están dispuestos
a perder. Hay que ver, en cada caso, si realmente les molesta, o si
por el contrario ese instante de inmenso placer al terminar el examen,
que aumenta por la tensión anterior, implica algún tipo
de “disfrute” que lo merece. Incluso se puede rastrear un
cierto disfrute en algunos estudiantes de darse un "atracón"
de estudio a último momento. Sin contar que al igual que el masoquismo,
es posible que el mismo malestar resulte placentero.
¿Cómo saber cuándo se trata de un síntoma
y cuándo de una dificultad?
Para distinguir esto sirve pensar si es una dificultad que se soluciona
aprendiendo a estudiar y con fuerza de voluntad o si por el contrario
estas cosas apenas ayudan un poco.
A continuación expongo algunos consejos que podrían ser
útiles:
· Planificar una cantidad mínima de tiempo de estudio
diario. (Aunque debe tener cierta flexibilidad, como todo buen régimen)
· Dividir todo lo que tenga que hacer (incluyendo lo que tiene
que estudiar) en partes aproximadamente iguales y repartirlas en una
agenda día por día (Con responsabilidad, sin imponerse
estudiar el día de su cumpleaños como en cualquier otro
día), dejando una semana libre para repasar (si es que una semana
alcanza para ese material). Luego deberá realizar las tareas
de cada día. Si un día no logra terminar las tareas de
ese día, debe decidir pasar las tareas que quedaron sin hacer
para otro día (no necesariamente el siguiente). No debe sentirse
culpable, ni perder el tiempo pensando por qué no lo hizo, simplemente
organice la agenda nuevamente. Tome decisiones en forma madura, con
responsabilidad y no desde la culpa. Si un día termina todo lo
de ese día y le sobró tiempo, no continúe. Haga
otra cosa, salga y disfrute, gánese un premio.
· Comenzar por el material que le resulta más ameno, es
una forma de tomar ritmo de estudio y de no cansarse. Si el material
que está trabajando le produce mucha resistencia (intelectual),
ya sea por la dificultad o por el aburrimiento que le causa, cambie
de material. Ya habrá tiempo para volver sobre el mismo.
· Tener diálogo con compañeros en la misma situación.
Sirve para no perderse información importante y para orientarse.
Trabajar en Grupo sirve en algunos casos, para tener la exigencia de
un grupo sobre uno mismo. En otros casos no sirve, pero reunirse una
vez por semana, o comunicarse con compañeros, no puede significar
una gran dificultad para nadie comparado con el gran beneficio que significa
a la hora de estar al tanto del ritmo que es necesario llevar.
· Cuando uno estudia con mucho tiempo de anticipación,
o cuando falta mucho para el examen es muy útil hacer resúmenes,
o estudiar completando resúmenes de otras personas.
Si con esto lograra solucionar su dificultad, el asunto ya estaría
resuelto y automáticamente sabríamos casi con seguridad
que pertenece al grupo de los que no sabían cómo organizarse
o necesitaban aprender a estudiar. En caso contrario, puede buscar otras
técnicas de estudio, pero si esto tampoco da resultado sabrá
que la dificultad tiene que ver con algo particular e intrínseco
suyo que lo mueve a repetir una y otra vez lo mismo a pesar de su disconformidad
e intentos por dejar de hacerlo.
En estos casos la solución pasa por otro lado. Esta repetición
puede darse en distintos espacios de la vida cotidiana (amor, relaciones
sociales, distintas inhibiciones, adicciones). Cabe preguntarse hasta
cuándo uno estará dispuesto a golpearse con la misma pared
y a sufrir por lo mismo sin cambiar nada. Qué tan lejos puede
llegar uno por este camino, antes de pedir ayuda.
Lic. Axel L. Rozen
(Psicólogo, Psicoanalista
y docente de la UBA)
axelrozen@gmail.com
4829-1610